Cuando el inicio de año insinuaba un rumbo cierto, la economía tomó otra dirección al cierre del primer trimestre. El EMAE de febrero difundido esta semana por el INDEC dejó una imagen incómoda para la marcha de la gestión: una actividad que no termina de afirmarse. La caída de 2,6% respecto de enero y de 2,1% en la comparación interanual no sólo borró buena parte del rebote previo, también reavivó la discusión sobre el camino económico.
La economía sigue zigzagueante y el Gobierno espera enderezarla en el segundo trimestre
El dato del EMAE reabrió dudas sobre la consistencia del programa. “Contribuye a incrementar dudas” sobre si la actividad entró en una fase de crecimiento o seguirá moviéndose de forma errática, apunta la Fundación Mediterránea.

La Fundación Mediterránea lo planteó en esos términos. Según el análisis de Marcos Cohen Arazi, el dato oficial “contribuye a incrementar las dudas acerca de si la economía está entrando en una fase de crecimiento o si seguirá en un sendero errático como en los últimos meses”. La definición pega en una zona sensible de la administración libertaria, que necesita mostrar que la estabilización macro empieza a traducirse en algo más tangible que orden fiscal, dólar calmo y promesas de mediano plazo.
En la Casa Rosada, sin embargo, la apuesta apunta al segundo trimestre. Tanto el presidente Javier Milei como el ministro de Economía, Luis Caputo, se mostraron confiados en que los datos de arranque del año fueron tan solo un paso atrás dentro de una trayectoria que se encaminará desde marzo, con mejores números para las actividades más golpeadas, apalancadas en la dinámica exportadora, una esperada baja del costo del crédito y un consumo que empiece a moverse un poco más.

El problema, al menos por ahora, es que la última foto volvió a mostrar un movimiento de freno y arranque antes que el de un rumbo firme. Mientras la narrativa oficialista es que la estabilización macro va a terminar derramando en la calle, febrero dio señales de alerta: buena parte de la mejora de diciembre y enero quedó prácticamente borrada por la caída del último mes. De todas formas, el informe de Cohen Arazi matiza con una lectura más ampliada: la economía "todavía se ubica 3,5% por encima de noviembre de 2023", el mes previo al inicio de la gestión libertaria.
Deberá, ahora, buscar que ese movimiento oscilante entre períodos se convierta en una trayectoria más lineal. Caputo había anticipado este zigzagueo. “Por ahí el Estimador Mensual de Actividad Económica de febrero da para abajo”, reconoció, para luego marcar que a partir de estos datos se vienen “los mejores 18 meses de la Argentina en las últimas dos décadas”.
Retroceso generalizado
La señal de la actividad que dejó febrero no se agota en el número del EMAE. “La caída fue prácticamente generalizada”, marca la Fundación Mediterránea: 8 de las 10 actividades económicas principales mostraron retrocesos al final del primer bimestre. En orden de magnitud, los sectores que más redujeron su actividad fueron industria manufacturera, transporte y comunicaciones, comercio y construcción.

Que las actividades más golpeadas sigan sin encontrar un piso en la caída ahonda la discusión sobre los datos. La economía en estos sectores no cae sólo por una cuestión estadística o por el efecto de dos días hábiles menos y un paro, como argumentó Caputo. Cayó, además, porque los rubros de mayor arrastre sobre el empleo, el consumo y la producción siguen sin encontrar el punto de partida para empezar a pensar en un rebote.
El informe de la Mediterránea plantea que, desde noviembre de 2023 hasta ahora, los sectores con mejor desempeño fueron la intermediación financiera, con una mejora acumulada del 22,7%; la minería, con 18,9%; y el agro, con 13,7%. También ubica en terreno positivo a transporte y comunicaciones y a actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler. Del otro lado de la tabla, los más rezagados fueron la industria manufacturera, con una caída acumulada de 8,5%; la construcción, con -12,6%; y el turismo internacional, con -23%.

Ahí está una de las claves de la coyuntura: una economía partida donde los rubros que traccionan son, en buena medida, los menos intensivos en empleo masivo y los que siguen deprimidos son los que más rápido muestran el malestar social.
La industria comprometida
Si la lectura se hace desde el empleo, el sector que condensa el mal momento es la industria. La Fundación Mediterránea remarcó que fue “el sector que más contrajo su actividad económica durante febrero” y precisó que, a partir del índice de producción industrial, el nivel actual se ubica 6,8% por debajo de noviembre de 2023 y 8,7% por debajo de febrero de 2025.

El deterioro, además, fue extendido. Cayeron 14 de las 16 ramas industriales principales. Y no con bajas marginales. El informe destaca retrocesos “excepcionalmente fuertes” en industrias metálicas básicas (-20% entre enero y febrero, sin efectos estacionales), textiles (-8%), maquinaria y equipo (-8%) y automotores y otros equipos de transporte (-7%).
Lo que aparece detrás de esos números es un problema más estructural que coyuntural. “La tendencia general es declinante desde febrero de 2025, reflejando los desafíos que tiene la producción para ser competitiva en el contexto actual”, advirtió el informe. Y fue más allá: “La política macro hace más acuciante la necesidad de avanzar en reformas que bajen los costos y permitan recuperar competitividad”.

Ese enfoque dialoga con otros indicadores conocidos en los últimos días. El consumo en supermercados, mayoristas y shoppings siguió flojo en febrero. La inflación de marzo trepó a 3,4%. El Gobierno debió recalibrar su discurso sobre los tiempos de la desinflación y de la recuperación. La macro ordenada, por sí sola, no alcanzó todavía para estabilizar la micro. Para abril, las consultoras vienen midiendo un leve rebote en el consumo y una merma en la inflación tras el repunte por encima del 3% que mostró la última medición.
Apuesta al segundo trimestre
“El traspié de febrero no es solo un dato aislado: refleja las dificultades de fondo que enfrenta la economía para sostener el crecimiento”, resume el informe de la Fundación Mediterránea. Esa definición no avala la lectura de una recesión, pero reconoce que la recuperación económica no logra consolidarse como una tendencia.

El trabajo admite que los indicadores anticipados de marzo “brindan algo de optimismo”. Enumera entre los drivers favorables el buen desempeño exportador, el avance de inversiones comprometidas en RIGI —aunque “aún con impacto acotado”— y la disminución del costo del crédito. Del lado desfavorable, menciona salarios que se siguen atrasando en un contexto de inflación y problemas de competitividad estructurales.
En ese terreno pantanoso es, justamente, donde hoy busca pisar el Gobierno. Pensando en una salida, Milei y Caputo consideran que no va a haber peores datos en materia de inflación y de actividad. Como señales que alimentan esa expectativa, el Banco Central empezó a bajar encajes, el Tesoro recortó tasas en sus colocaciones y se entusiasman con la reactivación del crédito para pymes. El oficialismo cree que esa combinación, junto con la estabilidad que viene mostrando el dólar y el colchón de la cosecha gruesa, puede darle aire al segundo trimestre.

Mientras tanto, la inflación sigue instalada por encima del dos por ciento mensual desde hace ya nueve meses, el consumo doméstico sigue sin levantar -incluso el turismo al exterior empezó a dar señales de agotamiento- y la industria no deja de mandar señales de debilidad sobre el mercado interno. “Sin cambios que mejoren la competitividad y el funcionamiento de los sectores productivos, el escenario más probable es que la actividad continúe moviéndose en una lógica de avances y retrocesos, lejos aún de un ciclo expansivo firme”, plantea en ese sentido el informe.
En la Casa Rosada se enfocan en el optimismo. Milei moderó el tono de algunas promesas, pero no la intención de recuperar iniciativa. Si febrero volvió a sembrar dudas sobre la marcha de la economía, el Gobierno busca que abril y mayo empiecen a ofrecer algo más que expectativa: también volumen político. En esa lógica se inscribe el impulso que pretende darle a la reforma laboral tras el guiño judicial de esta semana, sumado al envío de nuevas leyes al Congreso para volver a marcar agenda en medio de cuestionamientos sobre la gestión y ruidos sobre el gabinete.










