Con esa innata capacidad de generar metáforas de fácil comprensión para el gran público, Diego Armando Maradona dijo en 2001, en referencia a su doping positivo en el mundial de 1994: “La pelota no se mancha”. Esa frase encarnaba su sentimiento hacia el fútbol y separaba su desliz de la esencia del juego. Expresó textualmente: "Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha". Defendía al fútbol a pesar de su error personal, el deporte de la redonda se mantenía impoluto, tanto como la pasión que le sirve de combustible. Aquel alegato a favor del fútbol, resuena fuerte en medio de la ciénaga de negocios que hoy se constelan en torno a un juego que es pasión de multitudes, que se ha extendido al planeta entero y mueve contratos y apuestas por cifras millonarias en dólares y euros.


































