Es difícil escribir cuando desde la ventana que da a la calle llega el estruendo de voces y bocinas festejando la victoria de Argentina, una victoria que la coloca en la condición de finalista, pero sobre todo una victoria infligida a los ingleses. Una victoria justa, merecida. Una victoria al estilo "Scaloneta", es decir, infartante.
El derecho de permitirnos ser felices
La felicidad se nos presenta en instantes únicos, donde las emociones nos desbordan y nos reconocemos como argentinos, más allá de toda diferencia.


Una victoria precedida por la sensación de agonía, esa sensación que precisamente permite que la resurrección de los goles inesperados nos resuciten. Los muchachos nos han hecho atravesar por todos los estadios de la condición humana: el dolor, la pena, la impotencia y también el júbilo, la alegría, la pasión desatada…es decir: la felicidad.
Ahora participamos de esta celebración. Desde el origen de la historia los pueblos reservan un instante de celebraciones, de júbilo, de sentirse reconocidos como tales. Es lo quie ahora estamos haciendo. En la calle, en las plazas, en los bares, en los salones elegantes y en las más humildes cabañas, todos por un instante nos sentimos unidos en nuestra condición de argentinos.

Por un instante se superan las diferencias de clase, de ideas, de creencias. Nos abrazamos con desconocidos, nos decimos palabras olvidables, nos sabemos argentinos. Es un instante que se parece a la magia. Luego retornarán los rigores de la realidad, pero este súbito soplo de felicidad no nos lo quita nadie.
II
Dejo a los periodistas deportivos interpretar las vicisitudes del partido, el desarrollo de las tácticas y estrategias, el desempeño de los volantes y los laterales, la ocupación del espacio, las marcas y desmarques.
Hay mucho para escribir, pero todo lo que se escriba nunca alcanzará a transmitir ese estremecimiento de dicha que nos embargó cuando en siete minutos, llegan los dos goles, los de Enzo Fernández y Lautaro Martínez, asistidos, claro está, por esta maravilla de nuestra estirpe que se llama Lionel Messi, ese "pequeño gran hombre" que se despide del fútbol entregando el asombro de su talento.

Desde mi condición de argentino yo me doy por bien pagado por la alegría inmensa que estos muchachos nos hacen vivir. Una alegría desbordada, una alegría que conjuga la risa con las lágrimas, una alegría que nos reconoce a todos en nuestra condición de argentinos. Perdón por la digresión: esos instantes de felicidad son impagables e imborrables.
La felicidad, precisamente, se traduce en instantes, en breves momentos en los que las emociones se imponen. ¿Querés una definición de la palabra "felicidad"? Mirá el rostro de cualquier argentino cuando en el estadio de Atlanta, a miles de kilómetros de nuestra tierra, concluyó el partido. Mirá las lágrimas y las risas; los saltos, los abrazos. Mirá tu propio rostro en el espejo.
La felicidad es eso. Una emoción repentina que te desborda más allá de cualquier cálculo o reflexión. La felicidad es única, exclusiva y resiste cualquier intento de manipulación porque se justifica a sí misma. Nace, vive y se apaga sin pedir ni dar explicaciones. La felicidad es repentina y es breve. Y no nos deja otra alternativa que entregarnos a ella.
III
A no olvidar: le ganamos a los ingleses. A uno de los candidatos a ser campeones del mundo. Le ganamos a los que inventaron el fútbol. Le ganamos, también es cierto, al país con el que mantenemos un largo litigio por la posesión de unas islas en las que murieron combatiendo muchachos nuestros.

Es verdad: las Islas Malvinas no serán argentinas por el resultado de un partido de fútbol. Pero también es cierto que es lindo darse ese gustazo, es lindo mojarle la oreja a los ocupantes de un territorio que nos pertenece. Un gusto que no reclama ni sangre ni muerte, pero que pone en tensión esas fibras íntimas que llamamos patria, nación o como más les guste llamarlo.
Y no exagero ni me dejo dominar por un patrioterismo necio y estéril. No soy Victoria Villarruel. Si con alguien me identifico es con mi paisano santafesino Lionel Scaloni cuando, despojado de toda demagogia, de toda pulsión a favor de los golpes bajos, dijo palabras justas y sabias. Lo siento por los manipuladores, camanduleros y tramposos.

Este desborde de emociones genuinas, esa exaltación de sentimientos arremolinados empiezan y terminan sin otra justificación que esos instantes de exaltación. Esta felicidad es gratuita. Y, aunque suene irónico, igualitaria. Villarruel no es más patriota que nadie, porque en estos casos "naides es más que naides".
Ganarle al fútbol a los ingleses no nos hará ni más pobres ni más ricos; los trabajadores no ganarán mejores sueldos ni los jubilados cobrarán pensiones más dignas, ni a los estudiantes los liberará de su compromiso de estudiar, ni los médicos y las enfermeras del Garraham les reconocerán lo que se merecen.
El partido de este miércoles 15 de julio de 2026 vale por sí mismo y podemos entregarnos a ese estado de ebriedad sin culpas ni autoreproches. Debemos permitirnos en un mundo donde lo que abundan son las malas noticias, las tragedias, las injusticias, disfrutar en la intimidad confundida con el bullicio colectivo, de este derecho a ser felices.
IV
Ahora los agoreros de adentro y de afuera no podrán decir que el árbitro nos favoreció, que hubo un orsay no cobrado, un penal sacado de la galera, la arbitraria expulsión de un jugador o sencillamente que la Selección Argentina es una farsa o una invención de la FIFA.
Todos los rumores, todas las maledicencias, incluido nuestro crónico pesimismo, fueron derrotados por la contundencia de los hechos, es decir de los goles. También se derrumbaron las ninguneadas acerca de una selección que juega con equipos menores o contra nadie. Deberán creer o reventar: esta selección de fútbol es una de las mejores del mundo y tal vez la mejor.
Les guste o no a los de adentro y a los de afuera, Argentina posee un fútbol de excelencia más allá de resultados ocasionales. Desde 1978 a la fecha fuimos seis veces finalistas. Seis veces. Y tres veces campeones del mundo. No sé qué sucederá el domingo, pero la condición de finalista incluye la condición de campeón.
Podemos ganar o perder con España. Ojalá ganemos. Pero en la intimidad de nuestro corazón sabemos que el campeonato del mundo se jugaba contra los ingleses.

















