En la ciudad de Santa Fe, coexisten mitos y leyendas que entretejen un velo de misticismo entre la comunidad. Con el paso del tiempo, estos relatos se reconfiguran en múltiples deducciones e interpretaciones que, de boca en boca, dan lugar a explicaciones un tanto enigmáticas. Este texto surge a partir de un hallazgo inesperado.
Historia de un descubrimiento fortuito
Planos de fines del siglo XIX revelaron el verdadero origen de la estructura abovedada en Barrio Sur, desmitificando relatos que marcaron a la comunidad.

En el mes de diciembre de 1987, mientras se llevaban a cabo tareas de demolición en los fondos de la Escuela Provincial de Artes Visuales Juan Mantovani, ubicada en la esquina de las calles 9 de Julio y Moreno, se observó un hundimiento al final del ala norte. Al realizar la tarea de retiro del material se encontró una estructura abovedada, que no estaba en las mejores condiciones.
En ese mismo momento se puso en marcha un montaje de apuntalamiento, lo que permitió que especialistas en el tema se adentraran bajo tierra y comenzaran una labor arqueológica para recuperar el espacio. Ahora bien, los diarios de la época hicieron conjeturas acerca del motivo de su construcción.
En el diario El Litoral del 17 de diciembre de 1987 podemos leer que, presumiblemente, "podría tratarse de una celda o mazmorra, propia, por razones funcionales de este tipo de edificio según puede constatarse con sólo leer la historia del antiguo Cabildo de Santa Fe, sede de la justicia colonial".
Desde el momento de su hallazgo hasta la actualidad, las hipótesis tejidas fueron varias: desde una celda para los detenidos, al tratarse de un edificio que fue construido en primera instancia para el Poder Judicial, o también, como depósito de alimentos.
Pero la que más resonaba, y continúa haciéndolo actualmente, es que el hallazgo pertenecería a una sección de un túnel que se comunicaba con otros sitios religiosos y administrativos, existente desde la época de la colonia.
A partir de la investigación realizada en el Archivo General de la Provincia de Santa Fe (AGPSF), se encontraron planimetrías y registros históricos de esta antigua construcción datados en 1896, lo que llevó a afirmar que lo hallado no es ni más ni menos que el pozo de una letrina (1). Lo cual podría producir cierta desilusión en el imaginario colectivo.
Este destino no desmerece para nada su función, pues este descubrimiento nos permite comprender los modos de saneamiento de higiene existentes durante el siglo XIX, que perduran aún en aquellos sectores donde no tienen acceso a una infraestructura de desagües cloacales.
Son los llamados "pozos negros o pozos ciegos", sistema de evacuación de aguas residuales que puede ser riesgoso ya que suele contaminar las napas subterráneas.

Las imágenes que acompañamos a este escrito permiten visualizar su diseño en el plano en planta, corte transversal AB y detalle donde se expone el sistema sanitario, inodoro, y los conductos de saneamiento. Sumado a este registro, aparece también el sector del baño completo, el cual existió hasta hace poco tiempo.

En la actualidad el lugar se encuentra protegido y dispuesto para que pueda observarse, ya que en el año 2012 se instaló una cubierta de vidrio a modo de piso, sin que se supiese aún la verdadera función de esta bóveda, permitiendo circular sobre la superficie abovedada sin que esta se vea afectada.

Este relato reescribe la historia de un sector de la Institución que, durante décadas, estuvo rodeado de diversas y fantásticas hipótesis sobre su origen. A partir de este hallazgo, y bajo la sospecha de que existen otros similares, cabría preguntarse:
¿Podríamos suponer que algunos de los fragmentos de túneles descubiertos en diferentes sectores del barrio sur eran, en realidad, letrinas? ¿Estaríamos dispuestos a romper con el mito de que la ciudad estaba cubierta por una red de pasadizos subterráneos para escapar de revueltas o malones? (2)
Cada hallazgo tendrá una historia por descubrir, mitos por derribar y otros por construir.
















