Cuando agoniza el mes de agosto, sanmartiniano por antonomasia, acaba de ser talado en nuestra ciudad un árbol de gran porte que, en 1946, fue plantado como retoño del Pino de San Lorenzo en el jardín delantero de la entonces Escuela Luis Pasteur, a metros de la esquina que forman bulevar Gálvez y calle Lavalle.
La muerte de un retoño del pino de San Lorenzo en nuestra ciudad

Ocurre justo cuando se cumplen 80 años de aquel acontecimiento cívico en el espacio escolar del establecimiento que llevaba el nombre de Luis Pasteur (1822-1898), y, por añadidura, en un solar histórico, habida cuenta de que la casona que servía de sede a la escuela, había sido levantada en 1909 como casa propia por el exgobernador Luciano Leiva (1894-1898).
Capa sobre capa
Ese lugar estaba a una cuadra del límite norte de Barrio Candioti Sud, que empezaba a configurarse por iniciativa de su urbanizador, don Pablo Marcial Candioti. La historia gestaba, capa sobre capa, la ampliación urbana de Santa Fe.
Lo hacía sobre los terrenos (unas 100 hectáreas) que habían pertenecido a la Chacarita (o Chacrita) de los jesuitas desde los tiempos del traslado de la ciudad, iniciado a mediados del siglo XVII, hasta la expulsión de la orden por Carlos III de España, en 1767.
Esas tierras, que estaban delimitadas por la actual calle Hipólito Yrigoyen, al sur; Balcarce, al norte; Rivadavia, al oeste; y el río Santa Fe, al este, habían sido adquiridas por Candioti, en 1867, a la viuda del exgobernador Pascual Echagüe.
Entre tanto, de Balcarce al norte, hasta la actual calle Castellanos, los terrenos habían sido comprados por el exgobernador Domingo Crespo (anfitrión del Congreso General Constituyente de 1853) y luego transmitidos a su hijo Ignacio Crespo, también exgobernador en 1910-1911, quien a su vez los enajenará a Celestino Rosas en 1888.
De modo que en los terrenos de Candioti y Rosas, empezarán a esbozarse los barrios Candioti Sud y Norte, articulados por el gran eje transversal del bulevar Gálvez, que inauguraba su iluminación pública en 1900.
Sobre esa vía, diseñada en base a un concepto derivado del urbanismo francés, se erigían, por entonces, las primeras casas, con significativa presencia de gente de origen europeo nucleada en torno de los desarrollos del Ferrocarril Francés, que tenía en la casa del director de la compañía su icono edilicio (esquina de Gral. Las Heras y bulevar, actual Alianza Francesa).
Transformaciones
En esta extensión urbana modernizadora de la originaria trama hispana, Leiva construirá su residencia. Es la que, en 1925, pasará a manos del Estado provincial y, poco después, albergará a la Escuela Luis Pasteur, nombre del eminente químico y microbiólogo francés (1822-1898), a quien la humanidad le debe, entre otras cosas, la vacuna contra la rabia y el enorme avance que, para la seguridad alimentaria, representó el desarrollo del proceso térmico para control de microorganismos dañinos para la salud adoptado por las industrias alimentarias modernas.
Por fin, en 1973, con motivo de la celebración de los 400 años de la fundación de la primitiva Santa Fe por el capitán Juan de Garay, el gobierno provincial decidió cambiarle el nombre. Así, pasó a llamarse Escuela N° 1190 IV Centenario de Santa Fe, hasta ahora.
Las capas de historia teñidas de cultura francesa, se fueron desgajando con el paso de los años. La compañía Francesa de Ferrocarriles de la Provincia de Santa Fe, culminó en 1948 su retiro de la Argentina por el proceso de nacionalización de ese estratégico sistema de transporte de cargas y pasajeros.
La diáspora de ciudadanos de origen galo se fue acentuando. La lengua francesa empleada en los diálogos de la cotidianidad vecinal se fue apagando. Y años después desaparecía el nombre de la Escuela Luis Pasteur.
Ahora, una nueva situación se agrega a este largo ciclo de pérdidas sociales y culturales. El retoño del pino bajo el que José de San Martín redactó el parte de la victoria sobre un regimiento español -su bautismo de fuego en tierra argentina- luego del combate que tuvo lugar junto a las barrancas del río Parana en el lugar donde se emplaza el Convento de San Lorenzo, ha caído, como cayera de su caballo el general, en aquel histórico enfrentamiento armado.
La diferencia es que el prócer, con ayuda, pudo librarse del peso de su corcel muerto y levantarse, en tanto que el retoño del árbol asociado con aquel hito de nuestra historia militar, está definitivamente tronchado.
Un acta oficial de la Escuela N° 12 Luis Pasteur, fechada el 22 de septiembre de 1946, hace saber que los integrantes de la Asociación de Exalumnos del establecimiento entrega a las autoridades un retoño del pino de San Lorenzo. Y consigna que se trata de un ejemplar nacido de semillas legítimas, con un desarrollo de 35 centímetros de altura, pieza vegetal que fue implantada en el patio delantero de la institución con una placa identificatoria.
El daño y la oportunidad
Se sabe que a través de los años sufrió algunos hechos vandálicos, como sucede con frecuencia en las escuelas, pero que siguió creciendo en altura y volumen, aunque con una inclinación progresiva que comenzó a preocupar a los directivos. Por eso, en algún momento pidieron su apuntalamiento e, incluso, alguna consulta con el INTA.
Pero nada detuvo el cada vez más evidente desvío del eje, hasta que el peligro implícito para niños escolares, padres y ciudadanos que pasan por ese concurrido lugar, así como la amenaza de corte de manojos de cables eléctricos que pasaban debajo de sus ramas expandidas sobre el espacio de la vereda, determinaran su extracción.
Es una pena, siempre lo es la muerte de un árbol, peor en este caso, por su carga simbólica. Consumado el hecho, quizás pueda pensarse en la reposición de la pérdida con un nuevo retoño del histórico pino.

Sería bueno, para que los chicos se acerquen a través de acciones tangibles, a la figura del general San Martín, la señera batalla de San Lorenzo, el convento homónimo, que en el siglo XVIII formó parte de la estancia jesuítica de San Miguel del Carcarañá; en suma, a significativos aspectos del devenir provincial en el marco de una Argentina en gestación.
















