Dentro del vasto proyecto de los Viajes Extraordinarios, "El testamento de un excéntrico" (1899) ocupa un lugar periférico en la cultura popular, pero central en la genealogía de la literatura experimental. Mientras que en sus obras canónicas Julio Verne utiliza la tecnología -el Nautilus, el Albatros- o la naturaleza indómita como motor del desplazamiento, aquí el combustible es una aleatoriedad reglamentada.


































