Quien escribe estas letras no está exento, ni mucho menos, de una actitud arrogante. Pese a que intenta librarse de ella, suele sucumbir ante su maleficio. Creí, tan firme como equivocado, que estaba preparado para dar respuesta a todos los planteos que se me hicieran en relación a los temas que se abordan en esta columna. Pero me equivoqué, nuevamente me equivoqué.
XII. Pensamiento Lógico vs. Intuición
Artistas y científicos han destacado el papel del impulso interior en la creación, sugiriendo que la intuición precede al razonamiento lógico en grandes obras.

Un lector me envió una pregunta, tan simple como profunda, y con ella me puso "contra las cuerdas". ¿Creer en Dios, no importa cuál, es una cuestión de lógica o de intuición?
Yo divagué por algún tiempo y respondí: en el principio fue una cuestión vinculada más a la intuición que al pensamiento racional, pero en estos últimos tiempos la ciencia viene demostrando que hay un camino racional, un pensamiento lógico para creer en Dios. Le recordé las cinco vías de Santo Tomás de Aquino.
No conforme del todo con esa respuesta el lector, a quien bien conozco y sé de su inteligencia mordaz, me largó otra pregunta y me puso cerca del nocaut. ¿Y la creencia, con la que vos tanto insistís, en la vida después de la muerte, tiene origen racional o intuitivo? Me forzó a ir al inicio del tema: la intuición.
Alguien dijo alguna vez que la mente es un excelente sirviente, pero un pésimo amo. Dicen que fue Wallace (*). Desde esa lógica, estoy convencido que todas las obras importantes de la humanidad surgieron con un impulso interior y después tomaron forma a través de la inteligencia racional.
Es indudable, y dicho por infinidad de artistas de todos los tiempos, culturas y disciplinas que, antes de plasmar una obra de arte sintieron algo así como un grito interior que los llevó a comenzar o bien, le allanó el camino que buscaban.
También los científicos como Albert Einstein, Nikola Tesla o Carl Gustav Jung, para mencionar solo algunos de distintas ramas del pensamiento, identificaron y valoraron ese grito interior de origen. ¿De qué se trata ese impulso interior? Al respecto, Einstein -que no era un místico ni un filósofo- compartía este razonamiento:
"A lo largo de mi vida he experimentado momentos de sorprendente lucidez. En esos intervalos, la solución a problemas complejos llegó no a través del razonamiento sistemático, sino como una compresión instantánea y total. Estos momentos de intuición profunda siempre han sido más valiosos para mí que 1.000 horas de reflexiones metódicas".
¿De dónde vienen estas visiones que llamaron intuición? La explicación convencional es que surgen del subconsciente, donde ciertas conexiones se forman fueran de nuestra atención consciente, pero pienso una hipótesis alternativa.
En esos momentos nuestra consciencia individual se alinea temporalmente con un campo de consciencia universal, permitiéndonos acceder a compresiones que trascienden a nuestras limitaciones personales.
Si tal campo universal existe, entonces nuestra identidad consciente individual podría considerarse como una especie de terminal. Un punto preciso a través del cual este campo más amplio se expresa. Volviendo al tema, la muerte física no destruiría la consciencia en sí, sino que simplemente cerraría un punto particular de expresión. Mientras que la esencia consciente retornaría a su estado universal.
La respuesta a la pregunta de la vida después de la muerte es más sutil. No se trata de la aniquilación total como expresan los materialistas, ni tampoco de la preservación literal de la personalidad que prometen las religiones de occidentes.
La verdad es más factible, y en última instancia, más satisfactoria. "Imagino un árbol de consciencia del cual cada uno de nosotros es una hoja temporal, cada hoja tiene su temporalidad, su forma y movimiento característico, pero nunca está realmente separada del árbol".
Tercer pregunta de mi incisivo lector: ¿Y las religiones, son fruto del pensamiento racional y lógico, o de la intuición? Con las religiones la cuestión se torna más compleja. Es que sí estoy convencido, seguramente como muchos de ustedes, que el deseo de sobrevivir a la muerte es inherente a los humanos desde tiempo inmemoriales.
¿Cómo es posible que la existencia de las religiones, el camino en el que confía gran parte de la humanidad a tal fin, me haga dudar? Hay religiones que discriminan, amenazan y recaudan en nombre de Dios, incluso hasta las hay que matan o mandan a matar en el mismo nombre.
Esto de ninguna manera puede ser intuitivo, si la intuición es el lenguaje de Dios. Pero también está el amor por la humanidad, por la vida, por la naturaleza que también se predica desde las religiones y esto sí tiene que ver con la intuición. Con Dios.
Será que, tanto la intuición como el pensamiento racional son cosas de cada quien y conviven en cada ser humano que habita o habitó este planeta ¿Si fuese así de qué depende? Si fuese así, será que todas las instituciones, las comunidades y las organizaciones humanas son meros instrumentos y de por sí, no son buenas ni malas.
Depende de los hombres que la componen y en su caso que la conducen. ¿Es, acaso, una locura suponer, como sostienen las filosofías de oriente, que depende de la experiencia de vidas vividas antes de esta? Del karma de cada quien. ¿Y entonces, cómo le respondo a mi lector?
(*) David Foster Wallace (1962-2008) fue un profesor y escritor estadounidense, reconocido por su novela "La broma infinita", considerada una de las cien mejores novelas en lengua inglesa del período comprendido entre 1923 y 2006, así como una de las novelas más importantes del siglo XX.

















