Como ya se dijo, la protección de la vida es prioritario. Para ello, en este caso, hay sobrados ejemplos de medidas gradualistas (en nuestro país y en todo el mundo) que dividen el tipo, origen y técnica de pulverización según las condiciones del entorno y las distancias con focos de población. Todo esto para evitar repercusiones sanitarias en los propios trabajadores rurales o vecinos por el uso de las sustancias puestas en tela de juicio. Para ello, los controles del Estado; el compromiso y buenas prácticas de los trabajadores y productores y el acceso a la información necesaria por parte de los vecinos es fundamental. En caso de irrespeto a lo ordenado, las consecuencias y sanciones deben ser ejemplificadoras. Frente a ello, una medida extrema que restrinja totalmente las aplicaciones por mil metros y si los propietarios no encuentran de qué forma explotar sus campos de forma competitiva el resultado alternativo puede ser también muy grave para el entorno social: los terrenos aledaños a cada pueblo pueden convertirse en robustos pastizales. Esto implica desde la aparición de plagas, insectos o animales peligrosos para la comunidad, como así también servir de utilidad para delincuentes. Para esto no hace falta proyectar, puesto que es una situación que ya ocurre en comunas que aplican medidas como la puesta en análisis, ver por caso la localidad de Josefina.