Cuando llega el frío, una escena se repite en muchos hogares: se enciende la estufa, el calefactor o el aire acondicionado en modo calor, pero la temperatura agradable dura poco.
El error que hace que tu casa pierda calor en invierno y cómo evitarlo
Muchas viviendas pierden buena parte del calor por ventanas, puertas, techos y paredes mal aislados. Qué revisar en casa, cuánto tiempo conviene ventilar y qué cambios simples ayudan a conservar una temperatura agradable.

Entonces se aumenta la potencia, se sube el termostato o se encienden otros equipos. Sin embargo, muchas veces el problema no está en la capacidad del artefacto para calefaccionar, sino en que la vivienda no logra conservar el calor que ya produjo.
El error más frecuente es calefaccionar una casa sin controlar primero por dónde se escapa el calor.
Una ventana con filtraciones, una puerta que deja pasar aire, una persiana que permanece abierta durante toda la noche o una ventilación demasiado prolongada pueden hacer que el ambiente vuelva a enfriarse rápidamente.

No siempre hace falta realizar una gran obra para mejorar esta situación. Algunas medidas son económicas y pueden aplicarse en cualquier vivienda, incluso en departamentos alquilados.
La clave está en entender que calefaccionar de manera eficiente no significa solamente elegir un buen equipo: también implica evitar que el calor se pierda.
El calor se escapa por donde menos se nota
Las puertas y ventanas son dos de los principales puntos por los que se producen filtraciones de aire.

Una rendija pequeña puede parecer insignificante, pero cuando permanece abierta durante horas permite el ingreso constante de aire frío y obliga al sistema de calefacción a trabajar durante más tiempo.
El Gobierno nacional recomienda utilizar burletes en puertas y ventanas para reducir esas filtraciones. También aconseja revisar el estado de los marcos, cierres y aberturas antes de que llegue el período de mayor frío.
Una prueba sencilla permite detectar algunos de estos problemas: acercar la mano a los bordes de una ventana o puerta cerrada en un día frío y comprobar si se siente una corriente de aire.
También puede observarse si las cortinas se mueven levemente aunque las ventanas estén cerradas.

Otro punto que suele quedar relegado es el techo. El aislamiento térmico de la vivienda funciona como una barrera que dificulta el intercambio de temperatura entre el interior y el exterior.
Techos, paredes, pisos y carpinterías forman parte de la llamada envolvente térmica de una casa. Cuanto peor aislada está, mayor es la energía necesaria para mantener una temperatura confortable.
Esto explica por qué dos viviendas con la misma estufa pueden tener resultados muy diferentes. En una casa bien aislada, el calor permanece durante más tiempo. En otra con filtraciones y poca aislación, el equipo puede funcionar durante horas sin conseguir una sensación térmica estable.
El especialista en energía y técnico electromecánico Daniel Franzoy explicó que “ningún equipo será eficiente si la casa pierde calor por techos, paredes o ventanas”. Según el especialista, mejorar el aislamiento puede disminuir de manera significativa el consumo y, al momento de elegir un sistema de calefacción, no alcanza con mirar solamente el precio del aparato.
Las cortinas también pueden convertirse en una herramienta para conservar el calor. Durante las horas de sol, conviene abrir persianas y cortinas para aprovechar la radiación natural y permitir que el ambiente se caliente.

Cuando cae la tarde, la estrategia cambia: cerrar persianas y cortinas ayuda a crear una barrera adicional frente a las superficies vidriadas, que son más vulnerables a las pérdidas de temperatura.
El otro error
Ventilar la casa es necesario, pero hacerlo durante mucho tiempo en pleno invierno puede tirar por la ventana parte del calor acumulado.
La recomendación oficial es realizar una ventilación breve: entre cinco y diez minutos son suficientes para renovar el aire de los ambientes.
La idea no es mantener una ventana entreabierta durante horas, sino generar un recambio rápido y después volver a cerrar correctamente las aberturas. Esto permite renovar el aire sin enfriar innecesariamente paredes, pisos y muebles.
También es importante evitar otro hábito muy extendido: subir el termostato demasiado cuando la casa está fría pensando que así se calentará más rápido. El aumento excesivo de la temperatura no necesariamente acelera el proceso y sí puede incrementar el consumo.

Las recomendaciones oficiales ubican la temperatura de confort invernal alrededor de los 20 a 22 °C, dependiendo de las condiciones de cada vivienda y de las personas que la habitan.
Además, el Gobierno señala que reducir un grado el termostato puede representar un ahorro de entre 10% y 20% del consumo destinado a calefacción.
En el caso de los equipos de aire acondicionado frío-calor, hay otra cuestión importante: el aire caliente tiende a subir.
Por eso, la orientación del flujo puede influir en cómo se distribuye el calor dentro de la habitación. Una adecuada circulación permite aprovechar mejor la energía que consume el aparato.
También conviene cerrar las puertas de los ambientes que no se utilizan cuando se está calefaccionando una habitación determinada. No tiene sentido exigirle al equipo que mantenga a la misma temperatura toda la vivienda si durante varias horas solo se utiliza un sector.

Qué se puede hacer hoy para conservar mejor el calor
Antes de comprar una estufa nueva o aumentar el tiempo de funcionamiento de la calefacción, hay una serie de controles simples que pueden realizarse en casa:
- Revisar puertas y ventanas: detectar corrientes de aire y colocar burletes donde sea necesario.
- Cerrar persianas y cortinas al anochecer: especialmente en habitaciones con grandes superficies vidriadas.
- Aprovechar el sol durante el día: abrir persianas y cortinas en los ambientes que reciben radiación solar.
- Ventilar durante pocos minutos: entre cinco y diez minutos suelen ser suficientes para renovar el aire.
- Evitar temperaturas excesivamente altas: mantener el termostato en valores razonables ayuda a controlar el consumo.
- Calefaccionar los ambientes utilizados: cerrar las puertas de las habitaciones que no se necesitan en ese momento.
- Limpiar los filtros del aire acondicionado: un filtro sucio puede hacer que el equipo necesite trabajar durante más tiempo para alcanzar el mismo resultado.
- Revisar los equipos de calefacción: el mantenimiento permite mejorar su funcionamiento y prolongar su vida útil.

Si se trata de un sistema que utiliza gas, además, la ventilación y el mantenimiento adquieren una importancia especial. Nunca se deben bloquear las rejillas de ventilación ni modificar las instalaciones por cuenta propia.
Para quienes viven en una casa propia y tienen posibilidad de realizar obras, el aislamiento de techos, paredes, pisos y aberturas puede ofrecer una mejora más profunda y permanente.
En ese caso, conviene evaluar primero dónde se producen las mayores pérdidas antes de invertir dinero en una reforma.
Una casa caliente no depende solamente de cuánto se enciende la calefacción, sino de cuánto calor consigue conservar. Sellar filtraciones, aprovechar correctamente el sol, cerrar las aberturas en el momento adecuado y utilizar la calefacción a una temperatura razonable pueden marcar una diferencia cotidiana.









