La hipertensión arterial continúa siendo una de las principales preocupaciones para la medicina cardiovascular. Aunque muchas veces no presenta síntomas claros, se trata de una enfermedad crónica que puede afectar seriamente la calidad y la expectativa de vida cuando no se controla adecuadamente.
Hipertensión arterial: por qué preocupa cada vez más en jóvenes y cuáles son los hábitos que ayudan a prevenirla
La hipertensión aparece a edades cada vez más tempranas y gran parte de la población desconoce que la padece. El sedentarismo, la mala alimentación, el estrés y el mal descanso son algunos de los factores que favorecen su avance.

En los últimos años, además, comenzó a observarse un fenómeno que inquieta a los especialistas: cada vez aparecen más casos en personas jóvenes.
El médico cardiólogo Walter Pablo Casali (M.P. 4077) explicó a Viví Mejor que la hipertensión “es una enfermedad crónica que se puede controlar, pero que no se cura” y remarcó que actualmente constituye “el principal factor de riesgo cardiovascular”.

Según indicó, el problema no solo radica en la cantidad de personas que la padecen, sino también en las complicaciones que puede provocar con el paso del tiempo sobre distintos órganos del cuerpo.
“La hipertensión arterial daña el cerebro, el corazón, los riñones, la vista y los vasos sanguíneos”, señaló el especialista. Entre las consecuencias más frecuentes mencionó enfermedad coronaria, arritmias, insuficiencia cardíaca, aneurismas, accidentes cerebrovasculares, deterioro renal y alteraciones visuales.
Una enfermedad silenciosa
Casali advirtió que uno de los mayores problemas de la hipertensión es que durante muchos años puede no generar síntomas específicos. Por ese motivo, una gran parte de la población desconoce que tiene presión alta.
“La hipertensión es una enfermedad asintomática durante mucho tiempo. No hay signos claros que permitan identificarla”, explicó.

El cardiólogo indicó que síntomas como dolor de cabeza, pesadez, sueño o molestias detrás de los ojos no pueden asociarse directamente a la presión arterial elevada porque son inespecíficos y pueden aparecer por múltiples causas.
“Lamentablemente no hay ningún signo de alarma. La única manera de saber cómo está mi presión arterial es midiéndola”, sostuvo.
Por eso insistió en la importancia de realizar controles periódicos, incluso en personas que se consideran sanas. Según recomendó, cualquier adulto debería controlarse la presión al menos una vez por año.
En quienes tienen antecedentes familiares de hipertensión, diabetes, colesterol elevado, obesidad, tabaquismo o consumo excesivo de alcohol, los controles deberían ser más frecuentes.

El especialista también remarcó que la enfermedad comenzó a aparecer a edades más tempranas en comparación con décadas anteriores.
Entre las causas que explican este fenómeno mencionó los cambios en el estilo de vida, especialmente el sedentarismo, el exceso de comidas ultraprocesadas, el aumento del sobrepeso y la obesidad, el tabaquismo y el consumo de alcohol.
“El cambio de hábitos, la reducción de la actividad física y el exceso de comida chatarra favorecen la aparición de hipertensión incluso en personas jóvenes”, explicó.
Además, agregó que muchas personas no logran incorporar rutinas saludables vinculadas con la alimentación, la hidratación y el descanso.

“No tener un hábito en el consumo de líquidos, dormir mal y vivir en un estado constante de alerta altera múltiples funciones del organismo”, indicó.
Casali explicó que el mal descanso genera alteraciones hormonales y neuroendócrinas que mantienen al cuerpo en un estado permanente de inflamación y estrés.
Alimentación, sal y hábitos cotidianos
En relación con la alimentación, el cardiólogo remarcó que el exceso de sodio continúa siendo uno de los principales factores asociados a la hipertensión arterial.
En ese sentido, destacó que la Ley de Etiquetado Frontal ayudó a que muchas personas puedan identificar con mayor facilidad productos con exceso de sodio, grasas o azúcares.

El especialista advirtió especialmente sobre el consumo frecuente de embutidos, chacinados, alimentos ultraprocesados, productos de panificación y gaseosas.
“Los alimentos procesados utilizan cloruro de sodio como conservante porque es económico y además vuelve más sabroso el producto”, indicó.
También aclaró que todas las variedades de sal contienen niveles similares de sodio, independientemente de cómo se comercialicen.
“La sal de mesa, la sal marina, la sal del Himalaya o la kosher tienen prácticamente la misma cantidad de sodio”, sostuvo.
Por eso recomendó reducir el agregado de sal en las comidas y tratar de reemplazarla por alternativas más ricas en potasio.

Además, insistió en la necesidad de modificar patrones de alimentación y mantener hábitos más saludables en la vida cotidiana.
Entre las recomendaciones mencionó realizar al menos cuatro comidas diarias, incorporar frutas, verduras y fibras, consumir lácteos descremados y mantener una hidratación adecuada.
“Se recomienda tomar al menos dos litros de agua por día”, señaló.
También remarcó la importancia de evitar grandes volúmenes de comida en una sola ingesta y disminuir el consumo de frituras y productos ultraprocesados.
En ese contexto, mencionó que modelos alimentarios como la dieta mediterránea o la dieta DASH pueden resultar útiles para mejorar la salud cardiovascular.

Otro punto destacado por el especialista fue la relación entre el frío y el aumento de la presión arterial.
“Con las bajas temperaturas el organismo produce una vasoconstricción periférica para conservar calor y eso puede elevar la presión arterial”, explicó.
Según indicó, durante el invierno es habitual que algunos pacientes hipertensos necesiten ajustes en la medicación para mantener valores adecuados de presión.
Finalmente, Casali expresó su preocupación por el bajo porcentaje de personas que tienen correctamente controlada la enfermedad.

“Un tercio de la población hipertensa no sabe que tiene presión alta. Y de quienes sí lo saben, muchos están tratados pero no controlados”, afirmó.
Según explicó, apenas una parte de los pacientes logra mantener cifras normales de presión arterial mediante cambios de hábitos y tratamiento médico adecuado.
Por ese motivo insistió en la necesidad de reforzar campañas de prevención, controles comunitarios y consultas médicas periódicas.
“La hipertensión es la enfermedad crónica más frecuente del mundo y una de las principales causas de discapacidad y mortalidad. Por eso es fundamental conocerla y controlarla”, concluyó.










