La disciplina de bochas en el marco de los Juegos Suramericanos 2026 mostró quizás una cara que nadie esperaba en medio de lo espectacular -en cuanto a niveles deportivos de los atletas y de convocatoria pública- del evento. Un "puente nostálgico" entre identidad, tradición, historia y profesionalismo; un “chanta al chico” al tiempo y su entidad perecedera.
Las bochas, aquel juego de los abuelos que daba vida a los barrios y un día fue furor en Santa Fe
Este deporte desembarcó con los inmigrantes italianos. Se jugaba en baldíos y pulperías. Mostró un nivel de excepcional profesionalismo durante los Suramericanos. Tradición y modernidad, unidas más allá del tiempo.

Acaso sin saberlo, los deportistas “bochófilos” que mostraron sus extraordinarias destrezas en la Estación Belgrano (que se colmó de público en cada presentación) le dieron ese costado “nostálgico” a los Juegos, como si no faltara más nada para completar un certamen que quedará en la historia de la ciudad y la provincia.

Es que las bochas, antes de ser deporte de alto rendimiento, era un juego de barrio. Y también rural: luego fue a las ciudades. Vino, según cuentan los que saben, con los italianos en las primeras oleadas migratorias del siglo XIX. Era un elemento aglutinador de la vida social, puesto que se jugaba los domingos en los clubes y las pulperías.
Una historia de entonces
Allí, personas de edad mayor, luego y después de tomarse el obligado “vermucito” con aceitunas que se servía en el buffet del club, se disponían a medirse en precisión, pulso quirúrgico y cautela, en canchas de bochas que eran, en su mayoría, de tierra alisada y sin nivelar. Y las familias, los chicos, otros abuelos, eran parte del convite del “match”.

En Santa Fe muchos clubes de barrio mantienen esta tradición, y la sostienen a pesar que el recambio generacional no siempre juega a favor: los más jóvenes buscan otros deportes, más atléticos. Pero quizás, lo vivido en los Juegos Suramericanos 2026 sirva para alentar a las nuevas generaciones a sumarse al “culto bochófilo”.
Cómo se juega
Según la Confederación Argentina de Bochas, este deporte se practica entre dos equipos opuestos que, mediante una serie de bochas diferenciadas entre sí (lisas y rayadas) dentro de un rectángulo (la cancha), pugnan por marcar puntos o tantos hasta llegar a una cantidad determinada que define el partido.
Cada equipo obtendrá los tantos colocando sus bochas lo más cerca de la más pequeña bocha neutral (“bochín”). El equipo que tenga la mayor cantidad de bochas más cerca del bochín ganará el partido a su contrincante. Con el paso del tiempo, la profesionalización del deporte generó nuevas formas (ver más abajo).
Acervo local
En la Estación Belgrano se expuso la muestra “Una bocha de historia. Clubes de barrio y jugadores de Santa Fe”. Fue un recorrido documental al que contribuyeron la Asociación Santafesina de Bochas, el Diario El Litoral y clubes tradicionales como Los Poquitos, Los Cuarenta, María Selva, Altos del Valle y el Club Unión.

La exhibición fue un breve retorno hacia épocas primigenias de este juego, pero que, como se dijo, se reconvirtió en un deporte que se lució y -por varios días- fue furor en la ciudad capital. En uno de sus paneles, narra que en los barcos donde venían los inmigrantes se improvisaban canchas para jugar a las bochas.
Los muchachos “jugaban sin una cancha delimitada por las correspondientes bandas laterales y cabeceras de madera, y sin el piso nivelado”. Después, más adelante en las décadas, el punto de encuentro fueron los clubes y asociaciones que los agrupaban para cumplir diferentes fines, entre ellos, el deportivo y recreativo.

Las canchas de tierra apisonada y bochas de gran tamaño se convirtieron en lugares de gran convocatoria: “El 4 de mayo de 1938 nació la Federación Santafesina de Bochas en el Club Amenábar de barrio Sur. Su objetivo: organizar el juego a escala local. Entre 1940 y 1970 las bochas vivieron una época dorada”, agrega.
Desde 1980 -se explicó en la muestra-, los clubes de bochas cayeron en un proceso de lenta transformación impulsado por cambios sociales y culturales. “Entre 1990 y los años 2000 vivieron crisis, retraimiento y desinstitucionalización. Nuevas formas de recreación e intereses provocaron la disminución de la práctica deportiva”.

Sin embargo, en los clubes barriales el culto a las bochas siguió: en la actualidad, 17 clubes conforman una asociación que intenta legar el juego de bochas a generaciones futuras.
Profesionalismo
Santa Fe fue sede de la disciplina de bochas en el marco de los Juegos Suramericanos 2026 que, como se dijo, tuvo lugar en la Estación Belgrano. Allí se montaron cuatro canchas para dos estilos de este deporte: Volo Individual (masculino/femenino) y Mixto Punto Raffa Volo.

En el primero, cada atleta lanzaba en velocidad su bocha para dar el "bochazo" a otra. Exigencia física, precisión y técnica, las claves. El argentino Lucas Hecker obtuvo la medalla de plata, tras caer en la final con el chileno Franco Arenas. Y el “Mixto” se basa en arrimar la bocha cerca del bochín, o tirar el “bochazo” por elevación.
Lo más impactante, además del altísimo nivel competitivo de los atletas que participaron, fue la cantidad de gente que asistió. Se montaron tribunas a los costados de las canchas rectangulares que quedaron llenas, y lo que es más llamativo: no había sólo gente de edad mayor, sino jóvenes que se acercaron a disfrutar de este deporte.
Lo que hace más de un siglo fue un juego de mayores que se practicaba sólo entre hombres, en canchitas improvisadas al lado de las pulperías donde corría la ginebra y nunca faltaba algún entrevero, hoy se convirtió en un deporte de alto rendimiento y sumamente atractivo. La capital vivió el furor social de una disciplina que le ganó al tiempo.










