Por qué la nueva playa del Paseo de la Laguna en Santa Fe se volvió "la joya" del verano 2026
Con el comienzo del ciclo lectivo, las rutinas domésticas volverán a la normalidad. Las vacaciones irán terminando para muchos. Y este balneario ha dejado un buen saldo: la gente se apropió rápido del lugar, respeta sus reglas y lo disfruta.
El balneario, elemento aglutinador que permite construir comunidad. Crédito: Manuel Fabatía
El 7 de enero, la Municipalidad de Santa Fe, a cargo del intendente Juan Pablo Poletti, anunciaba por sus vías oficiales que quedaba formalmente habilitado un nuevo balneario en el Paseo de la Laguna, en la Costanera Este: era un lugar de baño seguro en la ciudad capital para la temporada de verano 2026.
La habilitación estará vigente mientras el nivel del río, medido por el hidrómetro del Puerto local, sea igual o superior a 2,20 metros. “Si el nivel desciende por debajo de ese valor, el sector pasará a ser exclusivamente un solárium, con la correspondiente señalización”, se comunicó oportunamente.
“La zona de baño contará con boyado de seguridad, que delimitará una profundidad máxima de un metro, ubicado a una distancia mínima de tres metros del veril o de cambios bruscos de profundidad”, informaban las fuentes de prensa oficiales. Hasta ahí los elementos noticiosos básicos.
Pero ocurrió algo cuanto menos llamativo: en cuestión de pocos días, al lugar llegaban, en acalorada peregrinación playera, grupos numerosos de personas, familias enteras con los chicos, amigos, todos acarreando sillones, mochilas con toallas y protectores solares, conservadoras y demás víveres necesarios.
Pronto también se montó un parador bien instalado, incluso agradable a la vista en cuanto a su diseño arquitectónico, con un sector de sombrillas y sillones, y en su planta alta, con una suerte de restaurante.
Una joven disfruta del sol. Más tarde, irá a refrescarse a la laguna. Crédito: Manuel Fabatía
Con todo, en estos días de calores intensos y de vacaciones que comenzarán a despedirse desde el lunes 2 de marzo -cuando comience oficialmente el ciclo lectivo en la provincia de Santa Fe, pues que las rutinas domésticas de las familias, con los niños en las escuelas, vuelven a la normalidad-, la playa aún se disfruta a pleno.
Con los pies en la arena
El Litoral volvió a relevar el lugar -algo que ya había hecho a mediados de enero-, y aparecieron más elementos que corroboran la hipótesis inicial: el nuevo balneario del Paseo de la Laguna, con el lento remanso de la Setúbal, se terminó convirtiendo en la “joya” en lo que va de la temporada de verano 2026 en esta capital.
A la vera de la callecita que lleva al nuevo balneario, no había ni un solo lugar para estacionar el auto. Los conductores llegaban hasta la rotonda final, giraban y volvían, a la espera de que saliera algún coche para ubicarse allí. La procesión motorizada era cíclica: ida y vuelta al aguardo de una dársena liberada.
Había inspectores de tránsito que ordenaban, de darse alguna situación irregular, el tráfico. Ya en la playa, los guardavidas estaban apostados muy cerca del sector demarcado con las boyas, el sector permitido para bañarse. Niños, jóvenes, adultos mayores, buscando en el agua algo de alivio ante el sol bravo.
“Nosotros vivimos en el norte de la ciudad. Nos vinimos en la Línea 22, que nos deja cerca de la UTN Santa Fe. De ahí llegamos caminando. Tenemos la suerte de contar con ese colectivo para llegar a este lugar tan lindo”, le dijo a El Litoral Javier, que estaba con su familia. Sus dos hijos pequeños intentaban hacer una casita con arena.
“Flaco, escuchame. Sin los elementos de seguridad, no podés estar en ese sector. Es muy profundo”, advierte respetuosamente pero con la voz en alto un guardavidas a un muchachito que se había salido del sector de baño permitido. “Disculpe, ‘maestro’, ahí vuelvo”, le respondió.
Dos niños jugando en el agua. Crédito: Manuel Fabatía
Basura tirada en la arena, casi nada. Acaso algún paquete de plástico, pero no mucho más. Hay cestos para tirar los residuos. Y señalización vertical. Cada cual está en su “burbuja” afectiva: las familias, en ronda con el mate, al igual que los grupos de amigos, que comparten una gaseosa o una cerveza.
Pero también hay interacciones. Alguien que saluda a un perro ajeno que se lleva todas las miradas por su gracia y simpatía; alguien que pide permiso, o que da las gracias. Es como una suerte de construcción silenciosa de comunidad que tiene como elemento aglutinante una playa.
Algunos elementos
La noche ha llegado, y si bien el grueso de los visitantes se ha ido, en la playa queda gente. Esa gente vio la puesta del sol, y ahora disfruta de una luna mansa. Hay sanitarios de acceso gratuito en el parador. Y allí, en el área donde está el comedor, suena una música que no molesta, sólo acompaña la charla de grupos de amigos que se quedarán a “picar” algo.
Entonces, dicho todo lo anterior, ¿cómo fue posible que en tan poco tiempo, un balneario fuera apropiado tan rápidamente por la ciudadanía santafesina? ¿Qué elementos sociológicos o culturales podrían esgrimirse?
Primero, puede indicarse la idea de seguridad. Hay sectores de la laguna muy profundos, pero allí sólo están las embarcaciones autorizadas, y quienes hacen alguna actividad náutica (kayak, por ejemplo), con los correspondientes elementos preventivos.
Una mamá y su hijo, entrando al balneario. Ya está colmado de gente. Crédito: Manuel Fabatía
En el sector boyado están los bañistas. Y los guardavidas, como se dijo, están muy atentos a sus movimientos. Una familia tipo, con hijos, busca descansar en un lugar amigable y seguro. La seguridad, así dicha, suma a la consolidación del lugar. Y la presencia de inspectores de tránsito, también.
La transversalidad social que genera este balneario es otro indicador positivo: que una familia que vive en el Centro comparta la playa con otra de un barrio más alejado, que antes no tenía la posibilidad de disfrutar de un lugar así -o sí, pero se le dificultaba mucho llegar, por falta de movilidad- es otro elemento a favor: nivela derechos.
Finalmente, la fisonomía del lugar donde está enclavado el balneario. Se encuentra alejado de los primeros paradores de la Costanera Este, donde las dinámicas son más “ruidosas”. Aquí es todo más tranquilo; quien va siente que descansa, al menos por un rato, y sus sentidos (auditivos, por caso) también reposan del ruido de la ciudad.
Los pájaros (se ve no tan lejos un bellísimo ejemplar de "tijereta", Tyrannus savana); algunas golondrinas que buscan en lo algo insectos para alimentarse, más la vegetación autóctona, contribuyen a un descanso playero en contacto con el medioambiente.
Todo esto (más otros elementos que quedan en el tintero) ayudan a la apropiación sana del balneario. Al apropiarse la gente de un lugar, lo cuida: tirará los residuos generados en los cestos, no en la arena o en el césped; se comportará de acuerdo a las reglas de seguridad de lugar, e incluso tendrá gestos de amabilidad hacia otros visitantes.
La playa, así entendida y respetada, se vuelve un espacio ordenador de la buena convivencia. Dos últimas noticias positivas: el verano termina el 20 de marzo. Aún queda tiempo para disfrutar de la estación. Y el balneario, siempre que el nivel del río ayude, seguirá abierto hasta el 31 de marzo, todos los días desde las 10 horas.