“Atención, este vuelo ha sido tomado por Montoneros”, palabras más, palabras menos fue la advertencia del grupo guerrillero el domingo 5 de octubre de 1975 cuando tras dejar atrás Formosa, la aeronave aterrizó de improviso en un campo de la localidad santafesina de Susana, en cercanías a Rafaela.
Pánico y terror en el aire: el avión secuestrado por Montoneros que aterrizó en Susana
Ocurrió en octubre de 1975, en medio de un clima político alterado, un vuelo de Aerolíneas Argentinas fue tomado por los guerrilleros como parte de un plan más amplio que tuvo como eje un copamiento en Formosa. Las crónicas e imágenes de una jornada inexplicable para el interior productivo provincial.

Medio siglo después, las crónicas de El Litoral permiten conocer de cerca cómo fue el temerario episodio, que marcó un antes y un después en materia de violencia política en el país, en medio de un clima de tensiones in crescendo.

Sorpresa en el aire
La presencia de un avión de gran porte dibujando círculos en el cielo del interior santafesino llamó la atención de los pobladores. Claro, el Boeing 737 de Aerolíneas Argentinas surcaba los aires a baja altura y despertó la curiosidad (también algo de preocupación) en los lugareños.
“Eran las 17.30 cuando en la UR V (Rafaela), la policía provincial recibe el primer alerta suministrado por el comisario del distrito Susana, quien dio cuenta del sobrevuelo de una máquina de gran tamaño desde cuyo interior eran arrojados paquetes (después se pudo comprobar que tenían clavos) y que por caminos rurales laterales se desplazaban 4 o 5 vehículos”, arranca la crónica de El Litoral.

“Todo ocurrió muy rápidamente y contra todo lo que podría suponerse, el enorme birreactor inició las maniobras para aterrizar, la que fue completada a las 17.50, según consta en el libro de a bordo”, contaba el vespertino en la tapa del lunes 6 de octubre.
En la continuidad del artículo se explicó que “las comisiones policiales se hallaban cercanas ya al lugar, unos 5 o 6 kms., cuando repentinamente los vehículos quedaron inutilizados al estallar sus neumáticos por acción de los ‘Miguelitos’”. Sin embargo una patrulla sí llegó al lugar del aterrizaje.

“Se enfrentó con los extremistas que huían a unos tres kilómetros al noroeste del lugar de descenso del avión. En esa ocasión fueron intercambiados gran cantidad de disparos y, según una versión, por lo menos dos de los extremistas habrían sido heridos”, contó este diario medio siglo atrás.
Con la huida de los guerrilleros concretada, los oficiales volcaron sus esfuerzos en aquellos que quedaron en el avión. “Encontraron sus puertas cerradas, lo que determinó que se adoptaran precauciones. A una primera voz de rendición, no hubo respuesta, razón por la cual se hizo una ráfaga al aire”, explicaba la crónica.

“Recién entonces emergieron los miembros de la tripulación, quienes luego de ser identificados fueron remitidos hacia esta capital. Cercano al lugar del descenso del avión se encuentra una edificación, cuyos moradores fueron detenidos preventivamente y se encuentran incomunicados”, agregaba.
En el lugar, los oficiales se toparon con una camioneta marca Ford abandonada. “Los extremistas habían dejado abandonadas armas, mapas, cartas de aeronavegación y otros documentos. Otro tanto fue encontrado dentro del avión”, enumeró El Litoral.
“Posteriormente, otro vehículo de los extremistas utilizados en su fuga fue hallado en la localidad de Arrufó, presumiéndose que parte de ellos tomaron por la ruta 34 en dirección a Santiago del Estero”, cerraba ese apartado. Lo dramático de lo sucedido se iba conociendo a cuenta gotas.

Detalles de un plan para nada improvisado
La crónica del vespertino contó a la perfección el panorama encontrado junto al avión abandonado. De acuerdo a lo publicado, la aeronave quedó con el tren delantero hundido en el campo y las turbinas a escasos centímetros del suelo. No presentaba daños, lo que hablaba de una buena maniobra de aterrizaje y ayudó a la posterior remoción.
“De que los extremistas no dejaron librado nada al azar, habla bien a las claras la correcta señalización que hicieron del campo elegido para el descenso del Boeing, cuyos extremos se hallaban marcados con banderas blancas y rojas y grandes paños para punto de referencia. Además, una manga orientadora del viento había sido colocada en un lugar de fácil visualización”, contó este diario.

La no presencia de “obstáculos” como árboles, molinos, bebederos y otras estructuras agropecuarias facilitó la elección del lugar por parte de los guerrilleros para poder llevar a cabo sus planes.
Al respecto, la policía halló entre los elementos abandonados “cartas de aeronavegación donde se encuentran marcados todos los accidentes de la región, tales como arroyos, canales, cañadas, molinos, núcleos de árboles y donde se indican hasta los colores de los techos de los casas en un extenso radio. Asimismo, están marcados todos los caminos, tanto los principales como los secundarios”.

Testimonios de primera mano
El Litoral pudo charlar con los tripulantes de aquel avión secuestrado quienes se encontraban en un hotel del centro capitalino. “Visiblemente afectados por las tensiones sufridas, lo que en ocasiones trataron de disimular con demostraciones de buen humor”, comentaba el artículo.

Se trataba del copiloto Amílcar Fernández, el comisario Horacio Mateazzi y la auxiliar Cristina Font, quienes explicaron que “cuando corrían 40 minutos de vuelo, tres individuos llegaron hasta la cabina de mando ordenando uno de ellos al copiloto que le dejara su lugar”.
“Los otros dos después de encerrar en la cola de la aeronave al personal de a bordo se hicieron cargo del pasaje. Procedieron entonces a una prolija revisión de la documentación que los viajeros portaban, tarea en la cual dieron con un prefecto al que despojaron de su arma reglamentaria”, seguía el artículo.

“De inmediato tomaron el micrófono pidiendo tranquilidad e identificándose como pertenecientes al grupo subversivo ‘Montoneros’”, cerraba la nota que comenzó en la tapa y siguió en el interior del vespertino.
















