El conflicto en el este de Europa desde el comienzo de la invasión de Rusia a Ucrania en febrero de 2022 parece haber acumulado, y seguir sumando, más novedades por fuera del propio frente de guerra.
Aviones y drones sobrevuelan alrededor del territorio a costas del mar Báltico. La frontera con Polonia, los aeropuertos en Alemania y una sensación de tensión constante.

En medio de un crecimiento de episodios que atraviesan esta disputa con la actual de Medio Oriente con ataques ucranianos a barcos de suministros iraníes, reaparecen los movimientos aéreos en pleno Europa.
A la aparición de drones en espacios aéreos como el de Rumania, en las últimas semanas se registraron una serie de ataques o intentos de ataques a aeropuertos de Alemania, siendo el de Leipzig uno de los protagonistas al cumplir una tarea clave en la administración de recursos para Kiev.
En conexión a estos episodios, la última semana se alertó a través de plataformas de rastreo de vuelos sobre una particular serie de acciones en torno a Kaliningrado, enclave ruso en las costas del mar Báltico.
El pasado martes se observó un avión OTAN Boeing E-3 Sentry E-3 de Alerta Temprana y Control Aerotransportado (AWACS) operando cerca de Kaliningrado, en simultáneo a una unidad de guerra electrónica "Compass Call II" de la Fuerza Aérea de EE.UU. EA-37B se posicionó sobre Powidz, Polonia.
El segundo de ellos luego voló un patrón de pista circular entre el enclave ruso y el OTAN E-3 durante aproximadamente dos horas antes de partir hacia Grecia, donde previamente había estado operando en torno a movimientos en Medio Oriente.
Los Compass Call es un sistema táctico de ataque electromagnético aerotransportado de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos diseñado para interrumpir, degradar y bloquear las comunicaciones de mando y control, radares y sistemas de navegación del enemigo.
La actividad en simultáneo implicaría tareas de inteligencia en torno a eventuales operaciones que involucran a la OTAN y Rusia, sin precisión de roles, se para evitar un ataque o para gestionarlo.
A esto se le sumó un avión propiedad del Ejército de Estados Unidos operado por contratista del Sistema de Inteligencia Multi-Misión de Reconocimiento y Explotación de Objetivos Aerotransportado (ARTEMIS II), el cual realizó una serie de órbitas rodeando Kaliningrado.
Casi durante la misma cantidad de horas que llevaron estos vuelos en la mañana europea del martes, al menos una decena de aviones de la OTAN se movilizó sobre el mar Báltico, el sur de Suecia y el norte de Alemania y Polonia.
La intervención de la unidad que participó en operaciones asiáticas no implica una directa conexión entre los conflictos, pero si ya se presenta como un nuevo episodio que une dos guerras inicialmente distanciadas.
El jueves, la OTAN continuó por tercer día consecutivo la masiva operación aérea sobre Kaliningrado, que en esta ocasión se expandió al alto norte y sobre Moldavia.
En abril de este año se reportó, mediante imágenes satelitales, que Rusia había comenzado la construcción de una nueva infraestructura de protección en un aeródromo militar en el enclave.
Alexander Grushk, viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Alexander Grushko, declaró a la agencia estatal RIA Novosti que los últimos simulacros de la Fuerza Expedicionaria Conjunta liderada por el Reino Unido se habían centrado en operaciones de respuesta rápida en el Báltico y el Atlántico Norte.
En base a las imágenes de AviVector, la construcción de cuatro nuevos hangares comenzó a finales de abril en la base aeronaval de Chkalovsk, a unos cuatro kilómetros al noroeste de la ciudad de Kaliningrado.
La percepción de Occidente sobre este territorio ya se ha evidenciado durante la última década. Desde Washington, en 2024 se destacó mediante el US Naval Institute que “la singular naturaleza política y territorial del óblast de Kaliningrado ha sido y sigue siendo un dilema geopolítico insondable y un obstáculo para la integración euroatlántica de la región báltica”.
El ex jefe del Mando Terrestre Aliado y del Ejército de EE UU en Europa y África, Chris Donahue, supo declarar en torno a la “supresión operativa del potencial defensivo de las fuerzas rusas en la región de Kaliningrado”.
Desde Dinamarca y Lituania también se han referido respecto a la evidente tensión que gira alrededor de este espacio que opera como uno de los últimos resabios vivos de la reconfiguración europea post Segunda Guerra Mundial.





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