“El castillo” es uno de los últimos y más intensos escritos de Franz Kafka (Praga, 1883-1924). El protagonista, llamado K., llega a una aldea anunciando que ha sido contratado como agrimensor, y de inmediato y vertiginosamente se pone en funcionamiento lo que podría llamarse “la máquina de desmentir” en la narrativa kafkiana. K. ha sido convocado, pero allí nadie lo espera. El Castillo que gobierna la aldea informa que K. no tiene autorización para quedarse, pero K. se empecina en permanecer. Las autoridades le objetan su título de agrimensor, pero poco después se lo aceptan y le endilgan dos ayudantes. Le niegan un contrato de trabajo, pero le dan un lastimoso cargo de ordenanza en una escuela. Tiene un romance con una muchacha que es amante de un alto funcionario del Castillo, pero no solo esta relación no lo ayuda en sus trámites sino que la muchacha pierde hasta su empleo como camarera. K. consigue finalmente una entrevista con un secretario del Castillo, pero una serie de percances lo han cansado tanto que, en el largo pasillo con innumerables piezas adonde ha sido citado, abre la primera puerta para echarse a dormir...