Estrenada el 27 de julio en Hulu y Disney+ en Latinoamérica, “Furia” (“Furious”) propone mucho más que otro policial de persecuciones y asesinos seriales.
La serie enfrenta a una agente del FBI con una asesina serial cuyos crímenes nacen de una historia de trata y abuso. Protagonizada y producida por Rossum, “Furia” utiliza el policial como punto de partida para explorar las zonas grises de la moral, la violencia contra las mujeres y la delgada frontera entre justicia y obsesión.

Estrenada el 27 de julio en Hulu y Disney+ en Latinoamérica, “Furia” (“Furious”) propone mucho más que otro policial de persecuciones y asesinos seriales.
La serie creada por Elizabeth Meriwether -responsable de “New Girl” y posteriormente de “The Dropout”- construye un duelo entre dos mujeres heridas por la violencia: Alice Black, una agente del FBI interpretada por Emmy Rossum, y Catherine, una asesina serial encarnada por Lola Petticrew.
La premisa parece sencilla: una agente de la ley intenta capturar a una criminal metódica y escurridiza. Pero a medida que avanza la investigación, ambas vidas comienzan a reflejarse hasta hacer cada vez más difícil determinar quién representa la justicia y quién ocupa el lugar de la amenaza. La propia sinopsis plantea que la frontera entre el bien y el mal comienza a desdibujarse.
Alice Black llega a la historia en una situación personal y profesional compleja. Ex detective de homicidios del Departamento de Policía de Nueva York, abandonó ese puesto para alejarse de una relación violenta con su expareja, el detective Marshall Connelly, interpretado por Jake Lacy.
Su ingreso al FBI no supone, sin embargo, una verdadera liberación: debe abrirse camino dentro de una estructura dominada por hombres mientras intenta incorporarse a la unidad de delitos sexuales.
Del otro lado está Catherine, una superviviente de trata de personas que se convirtió en asesina serial. Sus víctimas son hombres ricos a los que seduce, gana su confianza y finalmente mata mediante dosis letales de fentanilo.
Pero sus asesinatos no responden simplemente a una pulsión criminal: están vinculados con los hombres que participaron de la red de explotación y abuso que sufrió durante su infancia.
Ahí surge una de las claves de “Furia”: Catherine no está planteada como una villana convencional. La serie obliga al espectador a comprender el origen de su violencia sin convertirla necesariamente en una heroína. Puede cometer actos monstruosos y, al mismo tiempo, conservar rasgos de humanidad, empatía y capacidad de establecer vínculos.
Ese tratamiento permite que el conflicto trascienda la pregunta habitual de los thrillers (“¿atraparán al asesino?”) para formular otra mucho más incómoda: ¿qué ocurre cuando las instituciones encargadas de impartir justicia han fallado sistemáticamente a quienes debían proteger?
El título original, “Furious”, adquiere un significado particular. No se trata simplemente de “la furia” como concepto abstracto, sino de una condición que atraviesa a sus protagonistas femeninas. La serie recupera así una idea vinculada históricamente con la llamada “ira femenina”: la expresión de un enojo acumulado frente a experiencias de violencia, abuso, desigualdad e impunidad.
La propuesta se vuelve especialmente interesante porque Alice y Catherine ocupan posiciones aparentemente opuestas. Una representa a la ley; la otra la transgrede. Una persigue; la otra huye. Sin embargo, ambas han sido víctimas de la violencia y ambas buscan alguna forma de reparación.
Rossum lo explicó al hablar de su personaje: Alice está desconectada de sus propias emociones y necesita endurecerse para sobrevivir dentro de un mundo dominado por hombres. Para la actriz, esa desconexión es precisamente una de las características que hacen diferente al personaje respecto de sus trabajos anteriores.
La serie también incorpora a Nora Washington, interpretada por Quincy Tyler Bernstine, jefa de la unidad de delitos sexuales del FBI y una figura fundamental para Alice. Nora representa otra forma de enfrentarse al horror cotidiano: una mujer que ha aprendido a convivir con los casos de abuso, trata y violencia que llegan a su oficina, aun a costa de endurecerse emocionalmente.
“Furia” no nació completamente de cero. La serie está inspirada libremente en “Black Widow”, película de 1987 escrita por Ronald Bass, aunque el nuevo relato desarrolla una identidad propia y amplía considerablemente sus preocupaciones temáticas. Hulu encargó el proyecto a Elizabeth Meriwether en marzo de 2025 y posteriormente, en octubre de ese año, se confirmó el título “Furious”.
La estructura conserva, en términos generales, el juego de persecución entre una investigadora y una asesina. Pero Meriwether desplaza el foco hacia las experiencias de sus personajes femeninos y hacia las estructuras sociales que permiten que la violencia continúe.
Ese aspecto conecta a “Furia” con una línea de trabajos anteriores de la creadora. Después del éxito de “New Girl”, Meriwether se volcó hacia personajes femeninos más complejos y dramáticos, como ocurrió con “The Dropout”. En esta oportunidad vuelve a explorar esas contradicciones dentro de un thriller oscuro.
Para Emmanuelle Grey Rossum (tal su nombre completo), “Furia” también representa un regreso significativo al centro de la escena audiovisual.
La actriz neoyorquina comenzó su carrera siendo muy joven y tuvo una formación particularmente ligada a la música. A los seis años ingresó al Coro Infantil de la Ópera Metropolitana de Nueva York, donde participó en numerosas producciones y llegó a trabajar bajo la dirección de Franco Zeffirelli.
Su trayectoria cinematográfica tomó impulso con títulos como “Río místico” y “El día después de mañana”, pero fue el rol de Christine Daaé en “El fantasma de la Ópera”, la adaptación del musical de Andrew Lloyd Webber dirigida por Joel Schumacher, el que la instaló definitivamente como una joven figura de Hollywood. Su trabajo le valió una nominación al Globo de Oro.
Después llegarían películas como “Poseidón”, “Dragonball Evolution” y “You’re Not You”. Pero fue la televisión la que terminó definiendo buena parte de su identidad artística. En 2010 comenzó a interpretar a Fiona Gallagher en “Shameless”, personaje que se convirtió en el eje emocional de la serie y que Rossum sostuvo durante nueve temporadas.
Fiona le permitió alejarse de la imagen de joven estrella asociada a sus primeros trabajos y demostrar una amplitud dramática mucho mayor. Su salida de “Shameless* abrió una nueva etapa en la que Rossum también comenzó a involucrarse con mayor intensidad detrás de cámara.
Uno de los aspectos más relevantes de “Furia” para Rossum es que su participación no se limita a la actuación. La intérprete también figura como productora ejecutiva a través de su compañía Composition 8, junto con Elizabeth Meriwether, Ronald Bass, Brian Kirk, Matt Olmstead y Sam Hoffman.
Ese rol le permite regresar a la pantalla desde un lugar diferente: no solamente como intérprete de una historia ajena, sino también como parte del equipo que ayuda a construirla.
La elección de Alice Black tampoco es casual. Rossum reconoce que se sintió atraída por personajes que no ofrecen respuestas sencillas y que, inicialmente, pueden provocar rechazo, confusión o incluso vergüenza. Su interés actual está puesto precisamente en esas zonas grises de la moralidad.
En ese sentido, “Furia” parece funcionar como una síntesis de la etapa actual de su carrera: una actriz que ya dejó atrás los papeles de ingenua y que busca personajes atravesados por contradicciones, heridas y decisiones difíciles.
Uno de los mayores atractivos de Alice es que su investigación no se desarrolla desde una posición de absoluta neutralidad. Su pasado de violencia, su relación con Marshall y su necesidad de demostrar su capacidad profesional hacen que la búsqueda de Catherine se mezcle progresivamente con una necesidad personal.
Rossum reconoce que la línea entre justicia y obsesión es uno de los aspectos centrales de su personaje. Incluso relativiza la connotación negativa de la obsesión: después de conversar con agentes del FBI y antiguos informantes durante la preparación del papel, descubrió que para muchos de ellos el trabajo representa una parte fundamental de su identidad.
Así, la serie plantea una pregunta que excede el procedimiento policial: ¿cuándo la voluntad de hacer justicia deja de ser justicia y empieza a convertirse en una forma de obsesión?
Es también allí donde Alice y Catherine comienzan a parecerse. “En algún momento vamos a descubrir que son más parecidas que diferentes”, anticipó Rossum al hablar de ambas. Las dos son mujeres con defectos, marcadas por la violencia y movilizadas por una combinación de justicia y venganza.
Con ocho episodios de entre 50 y 55 minutos en su primera temporada, la serie combina drama criminal y thriller psicológico. Su elenco se completa con Lola Petticrew, Quincy Tyler Bernstine, Scoot McNairy, Jake Lacy, Rob Delaney, Hope Davis y Campbell Scott, entre otros.
Pero más allá de su estructura de género, “Furia” encuentra su identidad en la incomodidad. No propone personajes completamente buenos o malos ni una resolución sencilla para conflictos que, en la vida real, tampoco la tienen.
Para Rossum, esa es precisamente la función más poderosa de una historia: conseguir que el espectador se deje llevar hasta el punto de olvidar que está frente a una ficción. “Te puede transportar y sorprender al mismo tiempo”, explicó la actriz al referirse a aquello que busca cuando mira una serie o una película.
En “Furia”, esa invitación al viaje pasa por un territorio particularmente oscuro: el de dos mujeres que intentan recuperar algún tipo de control después de haber sido víctimas de la violencia. Una lo hace desde dentro del sistema. La otra, enfrentándose a él.
Y en ese choque reside la verdadera fuerza de la serie: más que decidir quién es la heroína y quién la villana, “Furia” obliga a preguntarse qué sucede cuando quienes deberían impartir justicia llegan demasiado tarde.





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