Soy como un niño, que está acá pero quiere jugar en otro lado; la gran mentira que me doy todos los años es: “El año que viene voy a dirigir y nada más”. Mentira, porque termino actuando. Vi una obra de Pompeyo Audivert donde él hace de una matriarca, y pensé: “Si lo pudo hacer él, también lo puedo hacer yo” (risas). Y me animé. Es un personaje re complicado, porque a diferencia del transformismo (donde sabés que es un hombre haciendo de una mujer) acá (más allá de que se nota de que soy un hombre) el personaje es una mujer, con una psicología de mujer, con algo femenino. Y lograr eso es remil complicado arriba del escenario. Es inevitable que se den cuenta de que soy un varón, pero eso también se vuelca en las actrices que tienen que hacer de varones: desde poner la voz o moverse de una manera; y eso me quedó sin buscarlo. Conseguí una actriz a la que le dije “¿Te animás a hacer de Caparrós?”, “Sí”, y quedó. Después cuando uno sabe que eso accidentalmente queda busca que se note.