El 25 de junio de 1912 se inició un movimiento agrario en los pueblos del sur de la provincia de Santa Fe, que se extendió a otros sitios de la región pampeana como Buenos Aires, Córdoba y Entre Ríos.
El Grito de Alcorta: la voz de las mujeres sigue resonando
En 1912, agricultores del sur de Santa Fe se levantaron en huelga, marcando un hito en la historia agraria argentina, con un eco que resuena hasta hoy.

Con la amplia difusión que le dio la prensa nacional de ese momento, la declaración de huelga general por tiempo indeterminado en los campos argentinos llevó a los agricultores y agricultoras a la rebelión masiva que comenzó a partir de las asambleas públicas multitudinarias, conflicto conocido como el "Grito de Alcorta".
Terratenientes y arrendatarios en conflicto
En la segunda mitad del siglo XIX la organización del Estado argentino, fue planificada como el modelo agro-exportador de acuerdo con los intereses de la clase dominante, cuyo poder se basaba en la tenencia de la tierra. La inmensa llanura fértil se pobló con inmigrantes en su mayoría europeos que venían a "poblar el país".
El resultado del crecimiento demográfico fue notable y dio lugar a la expansión agrícola y ganadera. Estos nuevos pobladores fueron en su gran mayoría arrendatarios: les habían prometido la tierra pero debieron alquilar los campos para poder trabajarlos:
"La pampa-espacio es también tierra de contrastes y de oposiciones, tierra de aventuras y tierra de labor, tierra de opulencia y tierra de miseria" según Román Gagniar.
Los inmigrantes, en su mayoría italianos y españoles, sumados a otras nacionalidades como franceses, suizos, ingleses, rusos y portugueses, tuvieron innumerables vicisitudes desde el viaje hasta su llegada. Fueron, en ese momento, mano de obra barata. Y esa tierra de opulencia que se menciona refiere a los rindes extraordinarios para los grandes terratenientes y ningún beneficio para los arrendatarios.
Estos últimos sufrieron miseria, extorsiones y prohibiciones que le imponía el locatario amparado por los terratenientes de la Sociedad Rural Argentina. A los chacareros se los sancionaba en forma compulsiva, prohibiendo su libertad para ejercer los derechos consagrados en la Constitución Nacional.
Los perjudicaban en todos los contratos de arriendo imponiéndoles serias penalidades para luego desalojarlos. Estaban indefensos y abandonados a su propia suerte.
En los años 1910-1911 las cosechas de trigo, maíz y lino fueron malas. Los chacareros no cubrieron los gastos porque tuvieron saldos negativos y fue grande la miseria en sus campos. Sin embargo, los dueños exigían mayores compromisos y alquileres que llevaron a una situación extrema y desesperante. En los hogares, germinó el estado de rebelión.
Malestar y rebelión
La mayoría de los colonos del sur santafesino llevó a cabo una gran asamblea en Alcorta con más de 2.000 personas el 25 de junio de 1912. Según la Federación Agraria, Nazareno Lucantoni decía:
"Los agricultores de las colonias La Adela y La Sepultura, formaban una caravana de sulkys que cubrían tres kilómetros del camino. Estaban presentes… productores de distritos vecinos de Bombal,… el Cura Párroco Pascual Netri, hermano del sacerdote José Netri de Alcorta".
Tras la deliberación se declaró la huelga del campo por tiempo indeterminado, invitando a los agricultores de todo el país a plegarse al movimiento. Las mujeres llegaban a las asambleas acompañando a sus maridos.
Entre tantas otras, podemos mencionar a María Robotti -casada con el presidente de la comisión de huelga, Francisco Bulzani-, María de Gilarducci, Petrona Barba, María Caporalini, María Fontana, Cecilia de Bó, Palmira de Debiasse, Rosa Gasparini, Jacinta de Menna y María de Klinic .
Esta primera huelga nacional paralizó la producción agrícola del país y se extendió a otras provincias como Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos y el territorio de La Pampa, según el diario La Capital del 1 de julio:
"A causa de las deudas contraídas por los colonos, no sólo con los propietarios de campos, sino también con los almacenes que les facilitaron créditos, estos les han cortado toda protección y aquellos les amenazan con embargarles cuanto tienen; de modo que el cuadro general que ofrece la extensa y poblada zona donde la huelga se presenta, es realmente desolador (...)".
María de Alcorta
Gabriela Dalla Corte Caballero realizó una entrevista en 1992 a Herminia Adela Dalla Corte, sobrina de María Robotti, quien la recordaba así:
"Y tan joven la tía María...y los hombres se reunían, eran unos quince o dieciséis… estaba la tía María cebando mate con el delantal, y estaban todos reunidos y nadie quería salir a la calle, y la tía María se sacó el delantal y lo tiró en la mesa y dijo: Habiendo diecisiete hombres, ¿ninguno va a salir a la calle? Y salió a la calle a pelear con los hombres, e hizo la punta".
Sobre las jornadas previas de la rebelión señala Placido Grela:
"Las asambleas tenían como espectadoras a las mujeres de los agricultores que llegaban de lejos con sus hijos en brazos o de la mano para colocarse detrás de la concurrencia, mientras su compañero de lucha, el hombre de trabajo no compensado debidamente, se mezclaba con la multitud sin desmayar en una lucha que recién se iniciaba y que habría de ser ardua, difícil y seria".
Con una actitud valiente, María Robotti planteó a los agricultores de la asamblea "que debían declarar la huelga general, de lo contrario luego de nada valían los lamentos. Ella dejaba entonces de cebarles mate y preparar la cena. A las palabras agregó la acción quitándose el delantal que llevaba puesto".
El poeta santafesino José Pedroni hizo célebre esta actitud en el poema que luce en todos los aniversarios del Grito en la Comuna de Alcorta: "La Sepultura se llamaba el campo/ de trigo y cielo en que morías./ Porque en él diste el primer grito,/... ¡Loada seas María!"
En otra publicación decíamos que: "Sin embargo, quitarse el delantal puede interpretarse como signo que preludió al levantamiento; este gesto marcaba una actitud de lucha frente a las circunstancias que obligaban a decisiones importantes en orden a la disconformidad y al enfrentamiento de los poderes opresores de los terratenientes. Sus palabras agregan un nuevo marco al papel que cumplió la mujer en esas jornadas agrarias".
El siglo XX se inició con la protesta del Grito de Alcorta. Y esa rebelión campesina ha sido siempre reivindicada sin discusiones por la historiografía argentina. Sin embargo, estamos convencidas de que es necesario que se recuerde la historia completa: con hombres y mujeres que dejaron la semilla de la resistencia a la injusticia y cuyo eco puede sentirse en otras ocasiones.
Otros gritos
A finales del siglo XX, en 1995, aparecieron otra vez -en casi todas las provincias del país- las voces que gritaban en el campo. Venían de las chacras en forma espontánea y crearon el Movimiento de Mujeres en Lucha (MML), que frenó los remates, producto del endeudamiento por los créditos para la compra de maquinarias agrícolas.
Ellas comenzaron a ir a los remates de las tierras y, con ingeniosas maniobras, cantaban el Himno Nacional Argentino. Con esos gritos los jueces paraban las subastas y las familias no perdían sus predios. Hubo enjuiciamiento y detenciones, pero toda la prensa del país, los gremios, la cultura y el pueblo en general las apoyó.
Acaso el eco de la voz de María todavía siga resonando tantas veces como sea necesario. La voz femenina no solo despertó lo que estaba latente, sino que estimuló las voluntades en lucha contra la injusticia.
Contenidos producidos para El Litoral desde la Junta Provincial de Estudios Históricos.


















