“Tú no puedes volver atrás/ porque la vida ya te empuja/ como un aullido interminable./ Hija mía es mejor vivir/con la alegría de los hombres/que llorar ante el muro ciego./Te sentirás acorralada/ te sentirás perdida o sola/ tal vez querrás no haber nacido./Yo sé muy bien que te dirán/ que la vida no tiene objeto/ que es un asunto desgraciado./ Entonces siempre acuérdate/de lo que un día yo escribí/ pensando en ti como ahora pienso./ La vida es bella, ya verás/ como a pesar de los pesares/ tendrás amigos, tendrás amor./Un hombre solo, una mujer/ así tomados, de uno en uno/ son como polvo, no son nada / Pero yo cuando te hablo a ti /cuando te escribo estas palabras /pienso también en otra gente. /Tu destino está en los demás /tu futuro es tu propia vida / tu dignidad es la de todos. /Otros esperan que resistas / que les ayude tu alegría /tu canción entre sus canciones. /Entonces siempre acuérdate / de lo que un día yo escribí /pensando en ti / como ahora pienso. /Nunca te entregues ni te apartes /junto al camino, nunca digas /no puedo más y aquí me quedo. /La vida es bella, tú verás /como a pesar de los pesares / tendrás amor, tendrás amigos. /Por lo demás no hay elección /y este mundo tal como es /será todo tu patrimonio. / Perdóname no sé decirte /nada más, pero tú comprende /que yo aún estoy en el camino. /Y siempre, siempre acuérdate /de lo que un día yo escribí /pensando en ti, como ahora pienso”.