Por tercer mes consecutivo, la imagen del Gobierno volvió a moverse hacia abajo, en medio de un febrero con una agenda cargada de ruido político y económico.
El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Di Tella marcó en febrero una baja de 0,6% respecto de enero. El retroceso se da tras la caída de comienzos de año, en un mes atravesado por la polémica en el INDEC, los cruces con sectores industriales y el arranque del debate por la reforma laboral.

Por tercer mes consecutivo, la imagen del Gobierno volvió a moverse hacia abajo, en medio de un febrero con una agenda cargada de ruido político y económico.
La Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella informó este lunes que el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de febrero tuvo una variación mensual de -0,6% respecto de enero y una caída interanual de -6,8%, que lo ubicó en 2,38 puntos sobre una escala de 0 a 5. El dato extiende la merma registrada al inicio del año, después del repunte que la serie había mostrado en octubre y noviembre del año pasado.
Aunque el descenso es moderado, el registro vuelve a confirmar una dinámica de amesetamiento con oscilaciones cortas en torno al promedio de la gestión de Javier Milei. El informe ubica el promedio del actual mandato en 2,44 puntos, con un rango de variación acotado entre 1,94 y 2,86. En ese marco, febrero queda cerca de esa media y sin desvíos bruscos, pero ya sin el envión de meses anteriores.
La medición de febrero se tomó entre el 2 y el 12 de febrero de 2026, según la ficha técnica del informe, sobre una encuesta telefónica nacional de 1000 casos en 37 localidades, realizada por Poliarquía Consultores. Ese recorte temporal coincide con una etapa de alta fricción pública en varios frentes.
La lectura retrospectiva del mes tuvo durante ese lapso una agenda pública atravesada por la inflación de enero (2,9%); los cuestionamientos derivados de la renuncia de Marco Lavagna al INDEC por la postergación del nuevo IPC; las discusiones entre el Gobierno con sectores industriales en medio de una actividad estancada; y el comienzo del tratamiento legislativo de la reforma laboral con ruidos sobre las licencias que obligaron a dar marcha atrás en ese artículo. En ese combo, el clima de opinión mostró una erosión leve, pero persistente.
El dato central del informe es lineal: el ICG bajó. Pero cuando se abre el tablero por componentes, aparece una foto más heterogénea.
Según el reporte de Di Tella, en febrero hubo subas en dos de los cinco componentes y bajas en tres. La Honestidad de los funcionarios trepó a 2,76 puntos (+2,6%) y la Eficiencia en la administración del gasto público subió a 2,29 (+2,7%). Del otro lado, cayó la Capacidad para resolver los problemas del país hasta 2,70 (-4,9%), bajó la Evaluación general del gobierno a 2,18 (-1,8%) y también retrocedió la Preocupación por el interés general a 1,99 (-1,0%).
Ese reparto de subas y bajas deja una señal política relevante: no se trata de un deterioro uniforme en todas las percepciones. Hay rubros donde el Gobierno conserva una valoración relativamente mejor —en especial honestidad—, pero pierde terreno en dimensiones más vinculadas a resultados y resolución concreta de problemas. Dicho de otro modo, la confianza no se desploma, pero tampoco se expande. Se mueve en un margen estrecho.
Además, el informe subraya que el nivel de febrero sigue por encima del observado en el mismo mes de dos gestiones anteriores: es 2,7% superior a febrero de 2018 (Mauricio Macri, con 2,32) y 59,5% superior a febrero de 2022 (Alberto Fernández, con 1,49). Ese dato ordena la comparación histórica y matiza la caída mensual, que existe, pero sobre una base todavía relativamente más alta.
Una de las variaciones más nítidas del mes apareció en la apertura por género. El ICG volvió a ser mayor entre los hombres que entre las mujeres, como viene ocurriendo en la gestión Milei, pero en febrero la distancia volvió a ampliarse.
El índice se ubicó en 2,62 entre varones (+4,0%) y en 2,11 entre mujeres (-7,0%), con una brecha de 0,51 puntos, bastante más amplia que la de enero, cuando había sido de 0,25. Es una diferencia que el informe marca de forma explícita y que se convirtió en uno de los movimientos más visibles de este corte.
Por edades, el segmento de 18 a 29 años mantuvo el nivel más alto y además mostró el principal salto del mes: 2,99 puntos (+10,7%). En cambio, el grupo de 30 a 49 años quedó en 2,13 (-1,8%) y el de 50 años o más en 2,47 (-2,0%). El orden relativo no cambió —jóvenes arriba, franja media abajo—, pero sí hubo una recuperación fuerte entre los más jóvenes.
En el plano geográfico, el Interior volvió a ser el área con mejor registro, con 2,60 puntos (+0,4%), mientras que en el AMBA los valores siguieron más bajos: CABA cayó a 2,10 (-3,7%) y el GBA se ubicó en 2,04 (-1,9%). La distancia entre el Interior y el área metropolitana se sostuvo, y eso también se repite como patrón de meses previos.
En nivel educativo, el informe marca un cambio de jerarquía: el valor más alto pasó a registrarse entre quienes completaron secundario (2,56; +6,7%), por encima del segmento con terciario/universitario (2,41; -5,5%). El grupo con primario continuó bastante más abajo, con 1,56 (-1,9%). Es uno de los pocos cambios de orden del mes y, por eso, Di Tella lo destaca en su resumen.
El corte por perspectivas económicas sigue mostrando el dato más contundente de toda la serie mensual: entre quienes creen que la situación económica mejorará en un año, el ICG fue de 4,30 (+3,9%); entre quienes creen que quedará igual, 2,69 (+5,1%); y entre quienes esperan un empeoramiento, apenas 0,43 (+22,9%). La distancia entre expectativas positivas y negativas sigue siendo enorme, una marca que atraviesa casi todas las lecturas del índice.
También hubo un movimiento en la variable vinculada a delitos: entre quienes dijeron haber sido víctimas (ellos o sus familias) en los últimos 12 meses, el índice subió a 2,00 (+11,1%); entre quienes no lo fueron, se ubicó en 2,50 (-3,1%). La brecha entre ambos grupos se redujo a 0,50 puntos, por debajo del mes anterior.




