Llega en el último día de marzo una cifra que volverá a traer debate en la Argentina, en el marco del modelo económico que impulsa Javier Milei.

El INDEC publicará este martes la medición de pobreza e indigencia del segundo semestre de 2025, en un contexto atravesado por la discusión sobre la marcha de la economía, el deterioro del empleo y las turbulencias que golpean a la Casa Rosada.

Llega en el último día de marzo una cifra que volverá a traer debate en la Argentina, en el marco del modelo económico que impulsa Javier Milei.
El INDEC dará a conocer este martes el índice de pobreza e indigencia correspondiente al segundo semestre de 2025, un dato que el gobierno espera con atención porque puede ofrecer un respiro en medio de las discusiones sobre la marcha de la economía y de los ruidos políticos que vienen golpeando al Ejecutivo.
La expectativa de mínima es que el registro quede por debajo del 38,1% que había marcado el mismo período de 2024. La expectativa de máxima, bastante más ambiciosa, es que la cifra valide el relato oficial sobre una baja sostenida de la pobreza en el primer tramo de la gestión libertaria.

Las estimaciones privadas que circularon en los últimos días alimentan esa apuesta. Según la medición de la Universidad Torcuato Di Tella, la tasa de pobreza del segundo semestre del año pasado habría sido del 30,6%, con un intervalo de confianza que va de 29,2% a 32,1%. Si esa proyección se confirmara en los datos oficiales, el número de personas bajo la línea de pobreza rondaría los 14,3 millones sobre una población estimada en 47 millones. Sería una baja sensible respecto de los 17,9 millones de pobres que había dejado el segundo semestre de 2024.
La expectativa oficial por el dato del INDEC convive con una escena bastante incómoda. Entre una medición y otra, la economía creció 4,4% durante 2025, según los datos del propio organismo estadístico. Sin embargo, se registró al mismo tiempo un incremento en la desocupación, que cerró el año en 7,5%, cayeron más de 100.000 empleos registrados y se profundizó la precarización laboral.

Ahí aparece uno de los nudos del debate. Porque si el índice de pobreza efectivamente baja, lo hará en un contexto en el que los indicadores laborales muestran señales menos amigables. El propio mercado de trabajo expuso ese contraste: el desempleo pasó de 6,4% en el último trimestre de 2024 a 7,5% a fines de 2025. Incluso, algunos analistas sostienen que el aumento de la desocupación no respondió a una mayor entrada de personas al mercado laboral, sino a una reducción del empleo total.

Las lecturas sobre los informes remarcan que cayó el empleo asalariado registrado y avanzó el cuentapropismo informal, es decir, trabajadores autoempleados que ni siquiera están inscriptos en el monotributo. Si a los desocupados se les suman los subocupados y quienes, teniendo un empleo, buscan trabajar más horas, el cuadro se vuelve todavía más áspero: una cuarta parte de la población tendría problemas laborales.
Por eso, aun si el dato de pobreza termina siendo mejor que el de fines de 2024, la discusión no se agotará en el porcentaje. Por el contrario, abonará el debate respecto al tipo de mejora que está mostrando la economía. Si es una mejora con recuperación de ingresos en algunos segmentos, pero también con deterioro en la calidad del empleo, caída del salario real y una estructura cada vez más partida entre sectores extractivistas y productivistas.
Los últimos indicadores económicos alimentaron, justamente, esa idea de una “economía dual” que repiten analistas y consultoras. Por un lado, el PBI completó una mejora del 4,8% al cuarto trimestre del año pasado contra igual período de 2023. Por el otro, el empleo formal se achicó, aumentó la informalidad y el desempleo subió. Una parte de la economía acelera; la otra sigue rengueando. Esa tensión es la que se mete de lleno en la lectura del dato que publicará el INDEC.

A esa dinámica se suma otro elemento clave: desde septiembre la inflación volvió a moverse por encima del 2% mensual y la canasta básica alimentaria incluso llegó a superar al IPC. En diciembre, por caso, avanzó 4,1%, según INDEC. A comienzos de 2026 la lógica siguió siendo parecida: en febrero la canasta aumentó 2,7%, apenas por debajo del 2,9% del índice general de precios. Como si fuera poco, toda la discusión se ve empañada por la credibilidad de las cifras estadísticas, tras la renuncia de Marco Lavagna a principios de año por diferencias en la modalidad de las mediciones.
La proyección de la UTDT también remarca esta diferencia de velocidades. Aunque el semestre completo daría 30,6%, la desagregación por trimestres sugiere una dinámica menos uniforme: 28,7% para el tercer trimestre y 32,5% para el cuarto. Es decir, la pobreza habría seguido bajando en términos semestrales, pero con un rebote en los últimos tres meses del año.
También pesó la evolución de los ingresos. Los salarios registrados cerraron 2025 con una caída real del 2,1%, empujados sobre todo por la pérdida del último cuatrimestre, cuando el poder adquisitivo retrocedió 2,5%. Las jubilaciones mínimas con bono, además, terminaron el año con una caída real del 4,5%, dado que ese adicional permanece congelado desde marzo de 2024. Sólo los haberes plenos sin bono mostraron una leve mejora real del 0,6%, mientras que la Asignación Universal por Hijo avanzó 0,85% real durante 2025.

En ese marco, la eventual baja de la pobreza queda atravesada por una paradoja incómoda para el Gobierno y, al mismo tiempo, útil para su estrategia comunicacional. Puede mostrar un número en descenso, pero con crecimiento de la morosidad, la fragilidad laboral y la presión sobre los ingresos. Otro de los datos que citan los analistas económicos es que en los bancos la mora alcanzó 10,6%, el nivel más alto en más de 20 años, y fuera del sistema financiero tradicional la irregularidad supera el 27%, con impacto sobre las fintech. Es decir, una macro que el gobierno presume ordenada en lo fiscal pero con una economía real que sigue con niveles de alarma.
El dato del INDEC llegará, además, en una semana políticamente sensible para el Gobierno. La incomodidad por el caso de Manuel Adorni sigue flotando en la Casa Rosada, mientras el oficialismo intenta mostrar gestión y volver a poner en primer plano el paquete de reformas con el que busca recuperar iniciativa. Este lunes, de hecho, Karina Milei encabezará la mesa política del Ejecutivo en la Casa Rosada, acompañada por el jefe de Gabinete, Diego Santilli, Patricia Bullrich, Martín Menem y Santiago Caputo, entre otros, para revisar los detalles de los proyectos a tratar en el Congreso.
En ese contexto, el índice de pobreza e indigencia podrá ser capitalizado por el Gobierno para recomponer el relato, en medio de los cuestionamientos económicos y la crisis política del Gabinete.

La gestión libertaria ya viene ensayando ese argumento. El mes pasado, el Ministerio de Capital Humano difundió un comunicado en el que aseguró que “la pobreza en la Argentina continúa bajando gracias a las políticas económicas implementadas por el gobierno que han contribuido a reducir la inflación y estabilizar la economía, sumado a las acciones encaradas desde este Ministerio centradas en las personas con mayor vulnerabilidad del país”. En ese mismo informe, la cartera sostuvo que la incidencia de la pobreza en el tercer trimestre de 2025 había sido de 26,9%, una caída interanual de 11,4 puntos respecto del 38,3% registrado en igual período de 2024.
También estimó que la indigencia se había ubicado en 6% durante ese trimestre, 3,2 puntos menos que un año antes. Y remató con un mensaje político bastante nítido: “Equilibrar la macroeconomía, poner un freno a la inflación y focalizar las transferencias hacia los sectores más vulnerables, de manera directa y transparente, sin intermediarios, nos está permitiendo seguir bajando la pobreza en la Argentina”.
En la misma línea, Javier Milei llegó a afirmar que sacó a 15 millones de personas de la pobreza, una cuenta que aparece como bastante optimista si se compara el 41,7% del segundo semestre de 2023 con las proyecciones más recientes. En aquel momento, sobre una población de 47 millones, eso implicaba unos 19,6 millones de pobres. Aun si el índice semestral ahora bajara al 30,6%, la reducción sería importante, pero no de esa magnitud.