El predio de una vieja fábrica abandonada, frente a la rotonda del club Colón y en el acceso a barrio Chalet, fue escenario de un hecho siniestro. Allí, en la mañana gris del lunes, apareció el cuerpo sin vida de Jeremías Monzón, de apenas 15 años. Un chico. Un nombre que hasta hace unos días sólo resonaba en su entorno más cercano y que hoy quedó atrapado en la crónica negra de la ciudad.


































