La osteoporosis puede desarrollarse sin dar señales evidentes y descubrirse recién cuando una persona sufre una fractura después de una caída o un golpe leve.
Día Mundial de la Osteoporosis: cuáles son los síntomas, los factores de riesgo y cómo cuidar los huesos
Cada 20 de octubre se busca generar conciencia sobre una enfermedad que debilita los huesos y puede avanzar durante años sin provocar molestias. La detección temprana, la actividad física, una alimentación adecuada y la evaluación médica son claves para reducir el riesgo de fracturas y preservar la movilidad.

Por eso, cada 20 de octubre, el Día Mundial de la Osteoporosis pone el foco en la importancia de cuidar la salud ósea durante todas las etapas de la vida, reconocer los factores de riesgo y consultar a tiempo.
La campaña internacional de 2026, impulsada por la Fundación Internacional de Osteoporosis (IOF), propone construir, proteger y fortalecer los huesos a lo largo de los años.

Qué es la osteoporosis y por qué puede pasar inadvertida
La osteoporosis es una enfermedad en la que disminuye la densidad mineral de los huesos y se deteriora su estructura interna. Como consecuencia, el esqueleto pierde resistencia y aumenta la probabilidad de sufrir fracturas.
Los huesos son tejidos vivos que se renuevan de manera permanente. Durante ese proceso, el organismo elimina tejido óseo antiguo y forma tejido nuevo. Cuando el equilibrio entre ambos mecanismos se altera y la pérdida supera a la formación, la masa ósea puede disminuir progresivamente.
El problema es que este deterioro no suele producir dolor por sí mismo. Una persona puede tener osteoporosis y continuar con sus actividades habituales sin advertir que sus huesos se han vuelto más frágiles. En muchos casos, el diagnóstico llega después de una fractura de muñeca, cadera o vértebras.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica las fracturas por fragilidad como una de las principales consecuencias clínicas de esta enfermedad. Se trata de lesiones que pueden producirse ante traumatismos de baja energía, como una caída desde la propia altura, que en condiciones normales no necesariamente provocaría una fractura.
Las zonas más afectadas son la columna vertebral, la cadera y el antebrazo, especialmente la muñeca. Las fracturas de cadera y de vértebras merecen especial atención por sus posibles consecuencias sobre la movilidad, la autonomía y la calidad de vida.
La IOF advierte que la osteoporosis representa un problema de salud mundial y que muchas personas desconocen que la padecen hasta que se produce una lesión. En su campaña de 2026, la organización remarca que la prevención no debe comenzar recién en la vejez: la salud de los huesos se construye desde la infancia y la adolescencia, y requiere cuidados durante la adultez.

Cuáles son los factores de riesgo y cómo se detecta
La edad es uno de los factores que aumentan la probabilidad de desarrollar osteoporosis, aunque la enfermedad no afecta exclusivamente a las personas mayores. El riesgo también es más elevado en las mujeres, particularmente después de la menopausia, debido a la disminución de los estrógenos, hormonas que intervienen en el mantenimiento de la masa ósea.
Los antecedentes familiares también son relevantes. Tener un padre o una madre con osteoporosis o antecedentes de fractura de cadera puede aumentar el riesgo individual. Lo mismo ocurre con haber sufrido previamente una fractura por fragilidad.
Existen, además, factores relacionados con los hábitos y determinadas condiciones médicas que pueden influir en la salud ósea. Entre ellos se encuentran:
Una alimentación insuficiente: consumir poco calcio, vitamina D o proteínas puede dificultar el mantenimiento de los huesos.
La falta de actividad física: el sedentarismo favorece la pérdida de masa ósea y puede reducir la fuerza muscular y el equilibrio.
El tabaquismo: fumar se asocia con un mayor riesgo de deterioro óseo.
El consumo excesivo de alcohol: puede afectar la salud de los huesos y aumentar la posibilidad de sufrir caídas.
El bajo peso corporal: se relaciona con un mayor riesgo de pérdida de masa ósea y fracturas.

Algunos medicamentos y enfermedades: el uso prolongado de determinados fármacos, como los glucocorticoides, y ciertas enfermedades crónicas pueden aumentar el riesgo.
Reconocer estos factores permite conversar con un profesional de la salud sobre la necesidad de evaluar el estado de los huesos. No todas las personas necesitan los mismos estudios ni en el mismo momento: la decisión depende de la edad, los antecedentes, los tratamientos y otras características individuales.
Una de las herramientas utilizadas para evaluar la salud ósea es la densitometría ósea, un estudio que mide la densidad mineral de los huesos. La información obtenida ayuda a determinar si existe una disminución de la masa ósea y, junto con otros datos clínicos, permite estimar el riesgo de fracturas.

La evaluación también puede incluir preguntas sobre fracturas previas, antecedentes familiares, medicación habitual, alimentación y actividad física. En algunas personas, la pérdida de estatura o los cambios en la postura pueden ser señales que justifiquen una consulta, aunque por sí solos no confirman el diagnóstico.
La recomendación central es no esperar a sufrir una fractura para hablar de salud ósea. Quienes presentan factores de riesgo, en especial las personas que tuvieron una fractura después de los 50 años, deberían consultar si necesitan una evaluación específica.
Alimentación y ejercicio: qué ayuda a fortalecer los huesos
El cuidado de los huesos comienza con hábitos que pueden sostenerse a lo largo del tiempo. Una alimentación variada, el movimiento regular y la reducción de factores de riesgo contribuyen a preservar la salud ósea, aunque no garantizan por sí solos que una persona no desarrolle osteoporosis.

El calcio es un mineral fundamental para la estructura del esqueleto. Puede obtenerse de alimentos como la leche, el yogur y el queso, además de algunas verduras de hoja verde, pescados que se consumen con sus espinas y productos fortificados. La cantidad necesaria varía según la edad y las características individuales.
La vitamina D también cumple una función importante porque facilita la absorción del calcio. Está presente en alimentos como los pescados grasos y la yema de huevo, y puede incorporarse mediante productos fortificados. Si existe sospecha de déficit, un profesional puede determinar si hace falta realizar estudios o indicar suplementos.
Las proteínas son otro componente necesario para mantener los tejidos del organismo, incluidos los huesos y los músculos. Por eso, la alimentación debe contemplar una combinación adecuada de nutrientes y no centrarse únicamente en el consumo de calcio.

La actividad física es igualmente importante. Los ejercicios en los que el cuerpo soporta su propio peso, como caminar, subir escaleras o bailar, ayudan a mantener la salud ósea. Los ejercicios de fuerza contribuyen a fortalecer los músculos, mientras que las actividades adaptadas para mejorar el equilibrio pueden ayudar a reducir las caídas.
Sin embargo, no existe una rutina universal para todas las personas. Quienes ya tienen osteoporosis, antecedentes de fracturas o problemas de movilidad deben consultar antes de comenzar una actividad nueva. En esos casos, el tipo de ejercicio y su intensidad deben adaptarse para evitar movimientos que puedan aumentar el riesgo de lesiones.
También es importante revisar las condiciones del hogar para prevenir caídas: mantener los espacios despejados, mejorar la iluminación y reducir los obstáculos en zonas de paso son medidas sencillas que pueden contribuir a la seguridad, especialmente en adultos mayores.
Por último, dejar de fumar, evitar el consumo excesivo de alcohol y cumplir con los tratamientos indicados forman parte del cuidado integral. Cuando existe un diagnóstico de osteoporosis, el médico puede recomendar medicamentos destinados a disminuir la pérdida ósea, favorecer la formación de hueso o reducir la posibilidad de fracturas, según cada caso.

Por qué la prevención debe comenzar antes de la vejez
La salud ósea se construye desde los primeros años. Según la Fundación Internacional de Osteoporosis, hasta el 90% de la masa ósea máxima se alcanza alrededor de los 18 años en las mujeres y de los 20 años en los varones. Por eso, la infancia y la adolescencia son etapas importantes para desarrollar huesos fuertes mediante una alimentación adecuada y actividad física regular.
En la adultez, el objetivo es conservar esa reserva ósea y reducir los factores que aceleran su pérdida. Más adelante, la detección de riesgos y la prevención de caídas adquieren mayor relevancia para evitar fracturas que puedan limitar la independencia.
El Día Mundial de la Osteoporosis busca recordar que no hay una única medida capaz de prevenir todos los casos. La estrategia combina información, hábitos saludables, evaluación médica cuando corresponde y tratamiento oportuno para quienes lo necesitan.









