Lucila es el nombre que eligió para ocultar el que lleva hace 46 años. Detrás del mismo se resguardó para escribir un libro que todavía no vio la luz, pero tal vez esas páginas se conviertan en el amparo que necesita para finalmente decirle al mundo que tiene HIV.
Mientras tanto se esconde de los desconocidos, se esconde de los compañeros de trabajo cada vez que tiene que tomar su medicación o realizarse los controles médicos, siente que pueden juzgarla y sentenciarla; se esconde de los lectores de este medio al que le pidió que no mostrara su rostro y que no publique su verdadero nombre.
Lo que tiene para contar es tan simple como doloroso: en 1998 después de donar sangre se enteró que tenía el virus del HIV, inmediatamente tuvo la intuición de quién la había contagiado. Se lo preguntó a ese hombre con el que había tenido una relación sentimental pero se lo negó. El mismo que el año pasado falleció por una neumonía, lo que confirmó su sospecha.
Desde que supo que estaba enferma sus días transcurren entre dos círculos: el conformado por la gente que conoce su condición y el resto, los que no lo saben. Para proteger a sus padres de las miradas ponzoñosas evitó contarles lo que le pasó pero sí lo compartió con su pareja de ese momento -que no contrajo la enfermedad-, con su hija, sus hermanos y los amigos más íntimos.
“Hoy todavía no logro comprender por qué pude contar el día que me detectaron un tumor en el intestino, que tuve cáncer, pero no puedo decir que tengo HIV”, cuestionó Lucila aunque la misma sociedad santafesina le acerca las respuestas como cachetadas.
Un día debió realizarse una cirugía en un sanatorio privado pero le negaron atención “porque no operaban personas con HIV”.
Lucila no duda en señalar a la ignorancia y a la falta de información como las causas de la estigmatización y discriminación. “Todos los días me pregunto por qué tengo que esconderme, vivir en la clandestinidad”, pensó la mujer que a pesar de todo está segura de que compartiendo lo que le pasa, así sea desde el escondite del anonimato, la alivia.






























