Para mediados de los 90, el actor Jack Nicholson era una de las estrellas de Hollywood más conocidas por el público y uno de los actores más valorados de su generación por su ductilidad para construir personajes disímiles pero con un rasgo en común: su indocilidad, su ruptura con lo establecido, su rebeldía. Esto, obviamente, con un amplio espectro de matices. Pero tanto el Randle Patrick McMurphy que compuso en “Atrapado sin salida” como el J.J. Gittes de “Barrio chino”, el Charley Partanna de “El honor de los Prizzi” y el Frank Chambers de “El cartero llama dos veces” van en contra de las reglas establecidas. Ya sea para desestructurar a una rígida enfermera, descubrir una red de corrupción, quebrar un matrimonio o enfrentar al poder de la mafia.




































