Un concurso de disfraces puede ser una buena manera para olvidarse de los problemas y la angustia que genera la pandemia del coronavirus y contagiar un poco de alegría. Eso es lo que pensaron las monjas que atienden a los 29 abuelos que viven en el hogar de ancianos de la ciudad de Neuquén, conocido como Hermanitas de los Pobres.


































