El periodismo santafesino pudo volver a cubrir los partidos de nuestros equipos en el estadio José María Minella, algo que se había vedado en los años anteriores bajo el pretexto del deterioro del mismo, algo que está perfectamente comprobado recorriendo las ruinosas dependencias del mismo. En el caso de este periodista, debiendo hacerlo desde un sector de platea descubierta, sin la posibilidad mínima de contar con energía eléctrica, en medio de los simpatizantes locales (no hubo ningún tipo de problema, aclaro, más allá del disconformismo y el fastidio exteriorizado hacia los jugadores de Aldosivi). Un verdadero despropósito que un estadio mundialista, ubicado en una de las mejores ciudades del país (por no decir la más linda de todas), haya caído en semejante estado en ruinas. Parece un estadio arrasado por un fenómeno natural, sin ningún tipo de mantenimiento y castigado por las controversias judiciales, concesiones incumplidas y una infraestructura al límite, con la tribuna oficial (la techada) totalmente inhabilitada (salvo para la prensa local y algunas radios de Santa Fe que tuvieron la fortuna de transmitir desde ese lugar).


































