Esos varios miles de mujeres, hombres, niños y fantasmas explotaron como nunca cuando Darío Herrera pitó el final de sábado en el 15 de Abril. La fiesta, claro está, ya estaba amortizada en las tribunas: colorido rojo y blanco por todos lados, cabecitas pegadas, amontonadas y un aliento ensordecedor desde el principio hasta el final. Por eso tiene razón Munúa cuando le da identidad a "un jugador más desde afuera". Pero faltaba éso...cerrarlo con un resultado.



































