- Todavía no, y ese es el conflicto en el que estamos ahora. Por un lado, hasta dónde -a partir de esta crisis- Facebook hará públicas las informaciones de las que dispone, y hasta qué punto están dispuestos a intervenir en la red como lo sugieren sus propios estudios. Esos documentos demuestran que hay profesionales en Facebook que ya tienen alternativas para modificar la circulación de los discursos de odio, pero son cambios estructurales que pueden poner en juego una parte del negocio. Uno de sus equipos estudió los temas de violencia, asedio y discurso de odio en el algoritmo, y sugirió quitar la posibilidad de compartir contenidos maliciosos. No eliminarlos, pero que tampoco puedan compartirse. Parece que lo probaron y funcionó, pero decidieron no adoptarlo. La crónica dice que ese documento interno llegó a las máximas autoridades de la empresa y la respuesta fue que era muy buena solución, pero que van a dejarla como una alternativa de emergencia. Imagino que se niegan a cambiarlo porque creen que la violencia y el discurso de odio son un problema social que se expresa en la red social, pero no es un problema de la red social en sí misma.