El COVID-19 demostró cómo el olfato nos conecta con la sociedad, con las experiencias, con otros. Sucede que esta capacidad sensorial incluye en la memoria, las emociones y el comportamiento porque es a través de ella que el cerebro reconoce una gran cantidad de compuestos químicos que están en el ambiente. Y, como tal, también puede decirnos mucho sobre cómo es el órgano que funciona como centro de control del cuerpo humano.



































