Inicialmente, y en su relato, Olivero no dejó de lamentarse con la reacción tardía del gobierno. Y al mejor estilo argento, sostuvo que en el viejo continente “se durmieron” al no darle la importancia suficiente. Y no hizo distinciones: ni los gobiernos ni la ciudadanía tomó conciencia. Para graficar lo ocurrido, no se olvidó de remarcar las similitudes entre la idiosincrasia italiana y argentina. “Al principio, cuando el virus llegó, comenzaron a decir que no se iba a cerrar nada. La vida siguió igual y era sólo una gripe. Y esto último es verdad, pero tiene un alto nivel de contagio que puede llegar a poner en peligro a más gente. Porque a decir verdad, los hospitales son el gran problema. Se han ocupado camas, y si existe gente con mayores necesidades no pueden acudir por falta de lugar a los centros de salud. Para ser claro, un pibe de 20 años con coronavirus internado le puede quitar espacio a un anciano con alguna complicación de salud, y este último es el que tiene más probabilidades de morir”.