Las tumbas están vacías. Un largo equipo formado por el personal de la Fábrica de San Pedro en el Vaticano, abogados, un perito legal y el profesor de Medicina Legal Giovanni Arcudi se habían personado esta mañana a primera hora en el cementerio teutónico del Vaticano con el objetivo de abrir dos tumbas de dos princesas alemanas fallecidas en el siglo XIX. Pensaban que allí podían estar los restos de Emanuela Orlandi, la hija de un funcionario de la Santa Sede que se esfumó sin dejar rastro hace más de tres décadas. Pero no se encontraban ni siquiera los restos mortales de las dos nobles que supuestamente estaban enterradas allí.































