El gobernador electo Maximiliano Pullaro protagonizó en los últimos días de la semana que pasó un verdadero raid de reuniones de alto contenido político, en una agenda que sería la envidia (o el terror) de cualquier mandatario en ejercicio. Y que tiene que ver estrechamente, y desde distintos flancos, con la consolidación de las bases sobre las que se asentará su futura gestión; en un contexto en el que a la incertidumbre económica se suma la del rumbo definitivo que asumirá el próximo gobierno nacional, y la de cuál sera la nueva configuración de la relación de fuerzas en ese escenario, hoy en pleno proceso de reformulación.



































