En la Argentina hay hogares en los que se dejó de comprar un alimento y muchos también en los que niños y niñas o personas adultas pasan de largo alguna de las cuatro comidas diarias por falta de dinero. Es probable que para completar las otras tres o alguna otra necesidad básica deban recurrir a un endeudamiento. En esos mismos hogares puede ocurrir que habiten adolescentes que salen a buscar algún magro ingreso en un mercado laboral informal que no les paga bien porque los emplea en tareas no calificadas; y esa búsqueda impacta directamente en la posibilidad de asistir a clases para terminar el ciclo secundario, primer eslabón de una capacitación que el mismo mercado considera mínima para tener mejores oportunidades. Todo resulta más complejo si se trata de hogares monoparentales, numerosos o con llegada de la Asignación Universal por Hijo.

































