En 1928, Jorge Roura fue autor de una estafa, la defraudación de 500.000 pesos nacionales a la Compañía Continental de exportación de cereales, una de las firmas exportadoras más grandes de Buenos Aires por aquellos años. Roura, cambió su nombre a Juan Carlos Rossi Echagüe, junto a su cómplice Alfonso Estevez, pasaron dos meses en Santa Fe, viviendo en una pensión sobre la calle Uruguay y formando parte de tertulias con las familias más distinguidas de Santa Fe, haciéndose pasar por hacendados e hijos de distinguidas familias de Buenos Aires. Acompañados por un estudiante de Derecho, Pedro Lazarini, que vivía en la misma pensión y habría sido el que los vinculó dentro del círculo social santafesino, hicieron muchísima ostentación del dinero. Una de ellas fue comprar un auto en la “Casa Studebaker”, una de las primeras concesionarias en nuestra ciudad, hecho que llevó a que Roura recibiera el carnet de conducir sin pasar por ningún tipo de control por parte de las autoridades locales. Incluso, luego de comprar el auto protagonizó un accidente automovilístico en las calles Francia y Mendoza del que supo salir rápidamente sin ningún tipo de problema legal.