La escena se repite en los últimos años: poblaciones que se inundan, caminos que se rompen, productores que pierden sus animales, agricultores que malogran cosechas, suelos que se deterioran. Y tensiones entre actores públicos y privados que se reprochan con más frustración -comprensible- que argumentos, sobre lo que se debió hacer o no. Todo en tiempos de precipitaciones dramáticas (o sequías) en el “cambio climático”.


































