-No sé si se podría empezar mejor una conversación en torno a lo que estamos hoy como sociedad argentina conmemorando. Ahí lo primero que quiero decir es que hay algunos que hablan de los 40 años de la vuelta de la democracia y yo prefiero hablar de la recuperación de la democracia, porque en la idea de la vuelta pareciera que hay algo casi como de comunidad de destino, de que en algún momento iba a volver, en cambio la idea de recuperación nos marca más una dimensión de agenciamiento, de una sociedad que luchó pagando también un costo terrible, en el que tenemos que también recordar a los 30.000 desaparecidos de la última dictadura cívico-militar. Es en ese contexto en donde se produce esa expresión de Raúl Alfonsín, que básicamente son las bases elementales de la vida en democracia: comer, educarse y cuidar la salud. Alfonsín estaba convocando a reconstruir una sociedad argentina que durante la dictadura no había podido educarse, porque la realidad educativa que dejó la dictadura fue tremenda, sumado a una crisis económica que luego se terminaría de agravar. Ese, sumado al Juicio a las Juntas, es el legado alfonsinista, porque no hay posibilidad de comer, de educarse, de curarse, si no hay justicia, que sería el cuarto componente y es algo de lo que la sociedad argentina también puede enorgullecerse. Después hay otras derivas que fue adoptando el gobierno de Alfonsín que pueden ser objetables, depende del lugar de donde uno se pare, pero me parece que ahí está el corazón del proyecto de recuperación de la democracia, para que el Estado y la sociedad se reinventen a la luz de lo siniestro que la antecede.