Es cierto que, dentro del puñado de actores que se pusieron en la piel del agente 007 con licencia para matar, Sean Connery es el más icónico, al menos hasta ahora. Sin embargo, reducir al actor escocés que hoy cumple 90 años a conceptos como “el mejor James Bond de la historia” (más allá del mérito histórico que le sin duda le cabe por el hecho de haber sido el primero que le puso el rostro y el cuerpo) implicaría obviar la amplísima paleta de recursos interpretativos, el particular encanto y (especialmente) el gigantesco carisma de uno de los actores más conocidos de su generación. Esa sensación de que, cada vez que aparece, logra dominar la escena. Hasta cuando lo hace desde los pliegues de la trama.
































