Para hallar el origen de un cine de terror con identidad argentina, hay que viajar hasta los ‘60: uno de los primeros experimentos en tal sentido, fue “Obras maestras del terror” (1960), antología de tres historias basada en relatos de Edgar Allan Poe, dirigida por Enrique Carreras, con la participación de Narciso Ibáñez Menta. En los años posteriores, empezó a consolidarse a través de directores como Armando Bo y Emilio Vieyra, que se aventuraron en el terreno del terror, pero combinados con el erotismo. Es el caso de “Sangre de vírgenes” (1967) de Vieyra, que trabaja sobre los elementos de la mitología del vampiro.



































