Cuando dejó trágicamente este mundo en el circuito de Imola, el 1° de mayo de 1994 Ayrton Senna se convirtió en leyenda, como le ocurre a muchos famosos que mueren demasiado jóvenes, desde el actor estadounidense James Dean hasta Gilda, por apelar a un ejemplo vernáculo. A los 34 años, el brasileño ya había puesto su nombre entre los más grandes de la Fórmula 1, con tres campeonatos mundiales (1988, 1990 y 1991) y 41 victorias en Grandes Premios. Su destreza al volante, especialmente bajo la lluvia, y su competitividad definieron una época inolvidable, marcada por su rivalidad con Alain Prost. Fuera de las pistas, era una persona carismática y un filántropo comprometido con su país.




































