Desde su primera entrega, hace 9 años, “John Wick” fue una película catalogada como “thriller de acción”. Lo es y a una escala mayúscula: hay sed de revancha, muchos tiros, peleas a golpes de puño y cuchillo, explosiones, persecuciones automovilísticas, francotiradores y mucho más. Sin embargo, eso no alcanza para explicar el enorme éxito que obtuvo. Más bien es una especie de cortinaje que no permite ver dónde está la clave: en las características del personaje John Wick, un hombre perseguido por su pasado.

































