El tono general de pastor hablando a oveja descarriada tiene que ser su decisión y, parece evidente, los elementos básicos de los psicoanalistas están respetados, no desvirtuados, porque esto lleva al punto: la esencia del pacto con los espectadores pasa por ahí, no es un pastor, es el oficio de pastor, no es psicoanálisis, es un actor pero es el psicoanálisis y su panegírico y el punto de cruce sin retorno -que se cuida mucho- es el de no traición a esa relación que abarca problema, hora de sesión, pago, paciente, analista, superación jornada tras jornada. Eso resalta el texto.