Por Mili López
Atardece en Buenos Aires. Por el ventanal de una casa del barrio Belgrano R. se filtran las últimas luces del día. Como en una nebulosa de ensueño, el humo de las pipas y el tintineo de las copas, dejan entrever las siluetas que merodean por la sala. El maestro Ariel Ramírez improvisa una cadencia armónica en el piano, como un llamador para que una joven Mercedes Sosa haga que su voz engalane Alfonsina y el mar.
































