El 24 de noviembre de 1992, Isabel II dio un discurso en honor de su 40º aniversario en el trono de Inglaterra calificando el año que llegaba a su fin de annus horribilis. Aquel año la corona se había visto arrastrada por una avalancha terrible que comenzó el 19 de marzo con el anuncio de la separación del príncipe Andrés y Sarah Ferguson, continuó el 23 de abril con el divorcio de la princesa Ana del capitán Mark Phillips y empeoró en junio con la publicación de los adelantos del libro Diana, su verdadera historia de Andrew Morton, un catálogo detallado de recriminaciones matrimoniales en el que la princesa de Gales se describía a sí misma como "un cordero al que llevaban al matadero en el día de su boda". El trágico panorama culminó con otro suceso: el 20 de noviembre de 1992, el castillo de Windsor fue presa de las llamas y tuvieron que gastar 36,5 millones de libras en reparar los daños provocados por el incendio.


































