Incesante y apenas perceptible, como una tormenta silente, constantemente nos envuelven millones de partículas elementales. No existe paraguas capaz de detener el flujo de neutrinos solares que atraviesa cada centímetro cuadrado de nuestro planeta y de nuestro cuerpo, manifestándose como imágenes espectrales de sí mismos. Ya sea desde lo alto, durante el día, o desde lo profundo, durante la noche, estas partículas portan una energía que apenas alcanza la milésima parte de la masa de un protón.
































