En "Aprecio y defensa del lenguaje", discurso pronunciado en 1944 por Pedro Salinas en una colación de grado de la Universidad de Puerto Rico, leemos: "Porque la actitud del ser humano cuando escribe es distinta de cuando habla. Cuando escribimos se siente lo que llamaría yo la responsabilidad ante la hoja en blanco; es porque percibimos que ahora, en el acto de escribir, vamos a elevar el lenguaje a un plano distinto del hablar, vamos a operar sobre él, con nuestra personalidad psíquica, más poderosamente que en el hablar. En suma, hablamos casi siempre con descuido, escribimos con cuidado. Casi todo el mundo pierde su confianza con el lenguaje, su familiaridad con él, apenas coge una pluma. El idioma se le aparece, más que como la herramienta dócil de hablar, como una realidad imponente, el conjunto de todas las posibles formas de decir una cosa, con la que el que escribe tendrá que luchar hasta que halle su modo." Salinas se considera uno de los mayores poetas españoles de la Generación del 27. Este fragmento de su discurso pone en evidencia un problema común a la hora de volcar los pensamientos sobre el papel: podemos ser hábiles parlanchines con alto poder de convencimiento en el área de la oralidad pero -muchas veces- nos entumecemos, tropezamos o "tartamudeamos" en el terreno de la escritura.


































