Por Pablo Benito
La realidad que no sale en la tele y es la más cercana: la propia. Novedades de nuestro cuerpo que habla, aunque sea incomodo escucharlo. Lo que esté ocurriendo no tiene que ser catalogado como malo, bueno o regular. Sí resulta peligroso negarlo o cargarlo de culpas.

Por Pablo Benito
-Hay mejor señal de WiFi para jugar a unos juegos online que de día se te cuelgan y además no me rompe las bolas nadie y están todos mis amigos en línea para los desafíos.
-No, amigos míos de la primaria o de inglés y otros que fui haciendo.
-No, jugamos. A veces me tiran algún dato de videos para mirar.
-No sé, lo único que sé es que me despiertan para comer y por ahí hay días que ya comieron, porque mi viejo no vuelve del trabajo y te clavo un 4 o 5 de la tarde.
-No sé, normal. Un poco insoportable, pero me pongo a ver videos en el celu y me hago una leche. Mi vieja agita un toque, se enoja y me dice que es la última vez que me acuesto a esa hora -que ella debe creer que es a las 4- pero me acuesto recién cuando siento que les suena el despertador.
Se miran y coinciden con RT que toma la posta “Estar hasta las mil horas boludeando con la play, es sábado”.
-Y yo -se suman FG y SD -¿Se acuerdan que les conté que mi vieja me tenía podrido con que, primero a las 12, después a la una y después me decía que hasta no más de las 3 podía quedarme despierto? Bueno, el jueves pasado se levantó para ir al negocio y yo estaba enviciado con el Minecraft, me re colgué, abrió la puerta de la pieza y vi que ya era de día. Un cagazo me pegué, pero agarró, cerró de un portazo, y se fue gritando no se qué de que no daba más. El viernes pasó lo mismo y creí que me iba a matar, pero me preguntó si quería tomar la leche y comer algo antes de acostarme. Ya está amigo... la cansé, ahora se ocupa de mis hermanitos y no me rompe más.
-Bueno, sí, pero ¿qué se puede hacer? Ahora que puede salir más, encontrarse con los amigos, no quiere y si se juntan lo tengo que llevar y traer. La vez pasada se enojó porque no se podían poner de acuerdo, creo que era sábado. Cada uno de sus amigos tenía que coordinar con los padres, los padres con cada hijo. No tiene 20, tiene 13. Sólo no puede y con nosotros se aburre. Cuando viene un amiguito, se ponen con la Play igual. Le propuse ir a comprar algo de ropa de invierno y se enojó “¿para que si no salgo?”, me preguntó.
-Venimos zafando, no sé hasta cuándo va a durar esto. Así como va la cosa, este año no va a ir al cole ninguno de los 3 y ya hablamos de que si hay clases veremos que hacemos. A nosotros nos da miedo y los chicos en casa no están mal y a veces salen, también.




