¿Para qué sirve un debate presidencial? ¿Permite conocer realmente los planes de gobierno de las y los candidatos? ¿O termina siendo apenas una representación, a puro coaching y asesoría de imagen? ¿Resultan un reaseguro a la hora de evaluar el cumplimiento de promesas de campaña? ¿Puede inclinar el voto del electorado hacia uno u otro candidato? Este año se aplicará por primera vez la ley 27.337, sancionada en noviembre de 2016, que volvió obligatoria la realización de un debate presidencial aunque, en los hechos, podrían ser tres: uno para quienes superen la instancia de las PASO (previstas para el 11 de agosto), una réplica en una ciudad capital del interior del país, y un tercero en caso de ballotage (anunciado para el 24 de noviembre).



































