La Casa Rosada no sólo no reconoce en sus discursos la autoridad de la Corte Suprema; la vicepresidenta (su enojo excede la materia sanitaria) sugiere que los jueces practican un golpe. Si las acciones políticas no se encausan en razonabilidad dentro del marco de la Constitución, el país se encaminaría a un serio conflicto institucional.

































