“No aprendemos más” dijo en postura de mea culpa un militar consultado cuando una nueva bienvenida destrozaba la vida de un novato, el Cabo Verón, a poco más de dos semanas de la fatal recepción del Subteniente Chirino. Eso llevó a órdenes extremas como la del Jefe del Ejército que expresa como “terminantemente prohibida la ingesta de bebidas alcohólicas por parte de integrantes de la Fuerza en actividades del servicio o fuera del servicio en el ámbito de la jurisdicción militar (incluye casinos, clubes, quinchos, etc)” para la Fuerza que conduce y una directiva posterior, del Ministro de Defensa que prohíbe “ritos de iniciación”, o “cualquier tipo de actividad, cualquiera sea la denominación que se le otorgue”, como así también “el ingreso, provisión y consumo de bebidas alcohólicas dentro de unidades y establecimientos de jurisdicción militar” para todas las Fuerzas Armadas. Ambas órdenes son “incumplibles o ineficaces” según explican mismo militares, debido a que se está atacando un síntoma, cuando la razón de los problemas que llevan a tragedias como las bienvenidas desbordadas van mucho más allá. Sin embargo, y pese a cualquier consideración, ambas están vigentes y deben ser cumplidas desde el Soldado más moderno, hasta el General más experimentado.
































